PREVENIR LA PROSTITUCIÓN PARA PREVENIR VIOLENCIAS: Posiciones ético-políticas frente a la institución prostibularia. (Última versión corregida).
Quintas Jornadas Abolicionistas. Santa Fe 26-06-2015
Lic. Leonor E. G. Núñez
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Pensar la prostitución como una institución social milenaria y universal (1) que persiste adaptándose a través de los siglos, impone develar su compleja urdimbre a la vez que hace entrar en crisis los argumentos naturalizados que desde el imaginario social la legitiman, y nos facilita la actualización de estrategias para su deconstrucción.
Por ejemplo, pone en evidencia el absurdo de que en todas sus versiones históricas, y aún hoy, persista la aceptación social –en todas las culturas- de la identificación masiva y absoluta de “la prostitución” con las personas prostituídas, mujeres y niñas en su gran mayoría. Tal artilugio garantiza la desresponsabilización de quien prostituye y de toda la estructura de la institución prostibularia en relación a los daños excepcionales y estragantes que ésta genera. En el capitalismo y aún más con las nuevas tecnologías de información y medios de transporte se ha desarrollado y expandido de manera inusitada.
La caracterización de la prostitución como institución socio-cultural, que expresa palmariamente la desigualdad entre mujeres y varones, produce tres consecuencias inmediatas: en 1er. lugar permite pormenorizar sus fines, sus efectos concretos, sus diversos sistemas, los perfiles de la demanda prostituidora, la identificación de las organizaciones y organismos privados, internacionales –legales e ilegales- o estatales que la promueven, organizan, sostienen, desarrollan y/o expanden. En 2do. lugar adquiere gran relevancia el análisis crítico de los términos y argumentos en uso, para adecuarlos a la realidad concreta y actual de la prostitución desechando todo eufemismo y referencia discriminatoria y/o incriminatoria contra las personas prostituídas, particularmente en medios de difusión y en el ámbito policial y –salvo excepciones- de la justicia. En relación a los argumentos circulantes a menudo constato que las alusiones a alguno de los tres modelos jurídicos que se refieren a la prostitución –de obvio y pertinente uso corriente entre expertas/os- producen interpretaciones confusas o erróneas en las comunidades (2). Por último, ésta revisión apunta a facilitar la comprensión cabal, en sectores colonizados por una visión glamorosa y falsaria, de la real dimensión de las consecuencias de la existencia de una institución que se constituye en una grave problemática social. En particular los colectivos de adolescentes de ambos sexos, de mujeres y de personas trans.
Con éste objetivo planteo que existen dos posiciones ético-políticas frente a la institución prostibularia:
A. La de la Prevención de la prostitución.
Basada en cuatro ejes: 1. El relevamiento y la denuncia de los daños prostibularios. 2. el reclamo del desmantelamiento de la institución prostibularia. 3. la demanda de políticas públicas para su prevención y para la restitución y defensa de los derechos económicos –particularmente asistencia jurídica y de salud gratuitas, vivienda y trabajo genuino y registrado-, sociales y culturales de las personas prostituídas. 4. La demanda del registro, reconocimiento y denuncia de los daños simbólicos, psicológicos -subjetividad prostituída y sexualidad disciplinada-, físicos, vinculares, sociales, culturales, económicos y políticos reales y virtuales, en las instituciones sanitarias y en la justicia, entre otras.
El ocultamiento y la renegación social de los diversos efectos dañinos y estragantes prostibularios a nivel individual y colectivo y su arraigada popularidad son dos de los mayores obstáculos a enfrentar. Dificultad que encontramos tanto quienes han logrado sobrevivir como quienes asumimos el compromiso ético-político de asistir, acompañar, apoyar y asesorar a las personas prostituídas y a su entorno en la tarea de develar y concientizar sobre la realidad prostibularia y facilitarles desde toda reparación posible hasta la construcción de su autonomía y la restitución y defensa de sus derechos económicos, sociales y culturales.
Cabe señalar, que las/los profesionales integrantes del sector salud –psicólogas/os, médicas/os y de disciplinas afines- abocándonos a la tarea de enfrentar problemáticas como la que nos ocupa sólo cumplimos con nuestro deber.
B. La de Promoción y expansión prostibularia.
Se basa fundamentalmente en la renegación de los daños que produce la institución prostibularia –particularmente su violencia intrínseca- a la que considera como un sector económico más (3).
Defiende la existencia de prostíbulos, niega la relación inevitable de la prostitución con la trata de personas, todo tipo de violencia, el lavado de dinero y la indebida connivencia con integrantes de fuerzas de seguridad, de la justicia y de migraciones, adoctrina a personas prostituídas como promotoras, captadoras, regentes y en otros roles prostibularios, establece registros de las personas que capta, utiliza eufemismos de todo orden –por ejemplo: “autonomía”, “cooperativa” o “trabajo”- para imponerse como relato popular. Invierte la carga de la prueba sosteniendo la supuesta libre elección de las personas prostituidas, niega su disciplinamiento sexual repetitivo –la preestablecida “coreografía prostibularia” y la “genitalidad a la carta”-, encubre y oculta a operadores, estrategias, redes y sistemas prostibularios. Dispone de profuso y permanente apoyo mediático, de los propios proxenetas –Ejemplo A.N.E.L.A. (4) en España- y, paradójicamente, de recursos de organizaciones de salud de naciones unidas, entre otras.
Características de la institución prostibularia.
Es:
- Universal: de aceptación masiva -popular-
- Tradicional: su naturalización es histórica.
- Renegadora de los daños y estragos (algunas veces daños irrecuperables) que produce particularmente por la desigualdad en diferentes planos entre varones y mujeres. La renegación constituye una doble negación en la que se niega que se niega. En el discurso prostibulario habilitaría a reclamar imposibles “derechos laborales”.
Opera:
- Estigmatizando y controlando a las personas prostituídas.
- Afectando por discriminación -desprecio- a todas las mujeres y a las personas trans a nivel simbólico, o psicológico o físico o vincular o social o político aun sin involucramiento directo.
- Con mayor poderío en situaciones bélicas, de crisis económica –particularmente en el capitalismo- o catástrofes que generan hambruna.
Sistemas de la institución prostibularia:
- De redes operativas reales y virtuales de promoción, facilitación, captación engañosa o violenta -trata interna o internacional-, explotación, traslado, acogida. Los discursos, las prácticas y los modos de intercambio de las mujeres y los hombres que integran éstas redes coinciden con las estrategias ahistóricas misóginas de coerción, sometimiento, amenaza y omertá -Ley del silencio del código de honor siciliano que prohibe informar sobre sus actividades delictivas- características de las organizaciones mafiosas. Además de la tragedia de desapariciones permanentes existen otros casos que presentan gran complejidad a los que denomino “circulares” en los que las víctimas son captadas y si se logra rescatarlas vuelven a desaparecer una y otra vez. De ésto resultan familias desmembradas o su mudanza y ocultamiento en zonas distantes de su lugar de origen.
La trata, que existe desde siempre, es la prueba flagrante que el argumento de la supuesta voluntad de ser prostituídas -la llamada: “prostitución voluntaria o consentida”- es una mera táctica de promoción y captación. Ni en casos de desmantelamiento subjetivo (5) por situaciones de carencias y vulnerabilidad psico social extrema o violencia sexual y/o física llega a constatarse que las personas afectadas demanden ser prostituídas. Siempre alguien induce, engaña o violenta para que una persona sea prostituída. La trata es la táctica más violenta de incorporación de personas para su explotación por parte de la institución prostibularia. (En “Salud, trabajo, prostitución y trata de personas” ponencia presentada en el IV Congreso de salud mental y DDHH. Asociación Madres de Plaza de Mayo. 13-11-2005. Leonor E. G. Núñez. Inédito)
- De argumentación y comunicación encubridora y negadora: La institución prostibularia ha generado los más pintorescos dispositivos negadores y eufemísticos. Así como en el siglo XVI los prostíbulos fueron denominados “mancebías” -término que remite a juventud- con participación de la iglesia católica apostólica y romana, en 1992 en Tierra del Fuego registré la existencia de varias categorías de prostíbulos, una de ellas bajo el nombre de: “pizzería”. Asimismo la diversidad de denominaciones de las personas prostituídas se establece en parte con el fin de legitimar la acción de prostituir o desde las personas prostituídas intentando defenderse de la discriminación. Coincido con Silvia Chejter (6) en que quien ejerce la prostitución es quien prostituye, es decir, quien demanda prostituir. Remito al texto “Salud, trabajo y prostitución en www.ddhhsaludytrabajolegn.blogspot.com.ar” para abundar con más detalle la cuestión de la violencia simbólica en relación a la prostitución y “lograr deconstruir antiguos prejuicios y nuevas naturalizaciones”. Las expresiones: “ella se prostituye” o “ella ejerce la prostitución” deberían revisarse dado que tales enunciados desrresponsabilizan a la institución prostibularia y se atribuye a las personas prostituídas una capacidad imposible, ya que nadie puede prostituirse a sí misma/o.
- De connivencia: policial, judicial. política, medios comunicación, empresas legales -hoteles, medios de transporte, servidores de internet- y Naciones Unidas. Aún hoy representantes de ONUSIDA consideran que el posicionamiento a favor o en contra de la prostitución resulta de una mera diferencia ideológica. Queda entonces planteado el desafío de explicitar con mayor precisión las razones ético-políticas por las que se propone prevenir la prostitución en lugar de promoverla.
- De distribución territorial inclusive con intervención de las fuerzas de seguridad. De acuerdo a la cantidad y capacidad financiera de los prostituidores demandantes, los/as proxenetas y tratantes realizan un trabajo de “ingeniería” territorial para delimitar áreas de influencia, circulación y colaboración entre sí. Como así también, el tipo y características de los locales. Un curioso ejemplo lo brinda el hecho de que sólo una pared medianera separa al Hotel Sheraton del pub Madaho´s de Mar del Plata, el que continúa clausurado por explotación sexual y trata, contigüidad que facilitaba la operatoria prostibularia entre dicho hotel y el mencionado pub.
- De adecuación a la demanda básica: Forma parte del sistema de violencias naturalizadas y opera como si el acto de prostituir fuera intrínseco al ejercicio de la masculinidad. El uso corriente de sustancias psicoactivas en prostíbulos han variado en el tiempo y aunque continúan lideradas por el alcohol hoy demandan una gran variedad de drogas, incluída la sildenafil (7). En relación a la demanda de niñas/os, lo que por muchos años nos enfrentó con quienes descreían de nuestros hallazgos, dos investigaciones reunieron pruebas de su inusitada frecuencia: la que realizara Lucía Labruna de Andra sobre “las niñas floristas” (8) y la impulsada por UNICEF en 2001, “La niñez prostituída” (disponible en Internet), coordinada por Silvia Chejter. Por otra parte, la demanda de exotismo étnico es una constante universal.
Sobre daños prostibularios físicos.
El naturalizado ocultamiento de los efectos dañinos atribuíbles a la institución prostibularia se patentiza en las dificultades para reunir pruebas fehacientes de su existencia. Al investigar éste aspecto, en nuestro medio, he comprobado la ausencia de registros, particularmente en las instituciones de salud tanto oficiales como privadas, por ejemplo, de las consecuencias psicológicas traumáticas, o las lesiones físicas (desgarros vaginales o anales), las infecciones y enfermedades recurrentes y el padecimiento social y/o represivo. He obtenido los datos que menciono en entrevistas personales con personas prostituídas y con médicas ginecólogas y obstetras, además de los aportados por los trabajos del equipo de Melissa Farley en EEUU.
Por el contrario son abundantes las referencias en los registros policiales de las vicisitudes de personas prostituídas criminalizadas y/o perseguidas muchas veces por la propia policía con fines abusivos y extorsivos, tanto como el mal trato mediático o judicial, salvo excepciones.
Las investigaciones del psiquiatra español Francisco Orengo García (9), las del equipo de Melissa Farley de Estados Unidos, las de Magdalena Gonzalez de nuestro medio y las observaciones propias en varias regiones del país, son pruebas indiscutibles de los daños excepcionales producidos en la escena prostibularia. No obstante, debo señalar que he constatado una gran resistencia a sistematizar los registros por parte de profesionales del equipo de salud. Prueba, desde mi punto de vista, de la carga prejuiciosa que supone disponer de datos prostibularios.
Algunos daños prostibularios físicos:
- Embarazos indeseados. ITS (infecciones de transmisión sexual).
- Demanda del uso permanente e indebido de hormonas y antibióticos
- Inducción y muchas veces imposición del consumo frecuente de alcohol y drogas psicotrópicas.
- Dolor pélvico crónico, desgarros perineales, carcinoma de cuello de útero.
- Lesiones por: elementos punzocortantes, por penetraciones con botellas de vidrio o con puños o armas y por tortura con utilización de picana eléctrica o empalamiento.
Por supuesto, éstos daños físicos producen profundas consecuencias subjetivas.
Contra el argumento prostibulario de que la exposición de la genitalidad a la prostitución necesariamente no acarrearía consecuencias indeseables tenemos presente que las violaciones sexuales practicadas por integrantes de las fuerzas armadas y de seguridad en la última dictadura cívico-militar recién comenzaron a ser denunciadas por algunas de sus víctimas hacen 5 años, es decir después de 34 años (10). Una prueba irrefutable de la capital importancia que revisten para toda persona los avatares de su intimidad sexual, aspecto crucial de la vulnerabilidad humana.
Mujeres y travestis prostituídas y asesinadas.
Incluyo sólo 8 casos emblemáticos de una nómina de varias decenas en elaboración.
* Ana María Nores, 26 años, 4 hijos, embarazada de 2 meses. Julio 1997, Mar del Plata
* Aldana de Santa Fe asesinada en Resistencia
*Jackeline Romero, 29 años, madre de una niña, embarazada de 3 meses.
*Silvana Caravallo, 26 años, una hija de 6 años. 1997. Mar del Plata
*María Ester Amaro, 35 años, estrangulada, en cuya espalda inscribieron con cuchillo la palabra *puta*. Cnel. Vidal, 1996
*Patricia Angélica Prieto, 36 años, una hija de 5 años,
*Viviana Guadalupe Spíndola, 26 años, descuartizada. Mar del Plata.
*Vanesa Zabala, travesti, 31 años, asesinada por empalamiento y traumatismo de cráneo el 29-03-2013 en Reconquista, Santa Fe.
y siguen los nombres. Algunas fueron mutiladas y desmembradas. La propuesta es reunir los nombres de todas las víctimas y difundirlos.
Otros daños prostibularios:
En la escena prostibularia se impone el ejercicio de la simulación, la fabulación y la disociación por parte de la persona prostituída frente a una situación de sometimiento al goce del otro.
- El asco físico y el miedo estimulan el uso de sustancias tóxicas. La higienización compulsiva es frecuente. La repetición de las prácticas que demandan quienes prostituyen anestesia.
- La sexualidad prostituída es disciplinada desde una moral represora y violenta, violencia que afecta a la persona prostituída, a su entorno y al entorno de quien prostituye.
- Genera linajes enloquecedores o reproductores de la situación prostibularia: se registran casos de proxenetas que embarazan a las mujeres que explotan para generar un vínculo de por vida, facilitando su sometimiento por extorsión filial o para cometer trata en cuanto nace la/el niña/o. Cuando el embarazo es ocasionado por un prostituidor y por alguna razón el aborto (práctica frecuente en mujeres prostituídas) no es posible, la situación genera tal nivel de conflictividad que el/la recién nacida/o que con frecuencia se da en adopción. Quienes fueron concebidas/os en esas circunstancias refieren asimismo vivencias traumáticas pudiendo también ser considerados linajes conflictivos o enloquecedores.
La persona prostituída puede llegar a recorrer toda la escala jerárquica prostibularia, de prostituída a captadora-regenta-proxeneta-tratante, ésto afecta particularmente a mujeres.
-Vínculos restringidos al ambiente. La vida social se restringe y gira en torno de integrantes de la institución prostibularia. Se comprueba una permanente recurrencia temática.
Para prevenir la prostitución propongo:
1. Desnaturalizar y subvertir a la institución prostibularia historizando su desarrollo, su capacidad de daño, sus mitos, su biopoder, sus normas, su infiltración social, mediática y empresarial.
2. Deconstruir la identificación de las personas prostituídas con la prostitución. Dicha identificación se basa en el “mito de la prostituta” que impone tomar un rasgo (en éste caso la situación que vive una persona) como si bastara para definir y otorgar identidad. Cuando se habla de prostitución habitualmente se hace referencia a una mujer a la que se etiqueta como prostituta, término que a la vez legitima a la institución prostibularia y encubre al sujeto que prostituye. Este enfoque ha sido abordado más extensamente en “Qué es la prostitución y qué daños produce” (11).
3. Responsabilizar particularmente a quien prostituye y a todos los operadores de la institución prostibularia.
4. Caracterizar al actual dispositivo reglamentarista (que con sus discursos, prácticas y modos de intercambio intenta imponerse como si fuera un sector económico mundial inevitable), para facilitar la concientización social sobre sus efectos reales. Por ejemplo, contradictoriamente sostienen que luchan contra la trata y a la vez niegan su relación con la prostitución. Ocultan la situación de países como Alemania o Uruguay en los que la prostitución está reglamentada y, por supuesto, la trata se sigue cometiendo.
Señalar que aunque se denomine de las formas más glamorosas y opere en ámbitos de gran poder económico la prostitución es igualmente dañina. Los daños mencionados más arriba también ocurren en las prácticas prostibularias más sofisticadas y elegantes.
5. Denunciar la histórica alianza estratégica prostibularia policial-judicial-política.
6. Promover el trabajo genuino, registrado, estable, de comprobable valor social, basado en los principios y derechos laborales fundamentales, con un ingreso justo sin discriminación de género o de cualquier otro tipo y con protección social.
7. Difundir éstos contenidos y la legislación vigente y capacitar multiplicadores en ESI (Educación Sexual Integral), operadores de la justicia y del equipo de salud.
Niveles de prevención prostibularia
1aria. Anticipar las consecuencias personales, vinculares y sociales, evitando situaciones de riesgo prostibulario o pornográfico. ESI: Educación Sexual Integral que incluya la denuncia de la prostitución como una de las formas de violencia sexual naturalizadas.
2daria. Reconocer grupos expuestas/os al riesgo prostibulario y realizar acciones para su resguardo. Divulgación de la realidad prostibularia concreta, capacitación de multiplicadoras/es adolescentes.
3aria. Intervenir en situaciones que afectan a personas prostituídas para paliar daños y procurar restituir y defender sus DESC (Derechos, económicos, sociales y culturales).
4aria. Establecer protocolos de intervención institucional adecuados a cada persona prostituída que demande asistencia, garantizando sus derechos y autonomía.
Promotores y defensores actuales de la institución prostibularia.
Éste listado es incompleto pero ilustra sobre la magnitud de la tarea de concientización sobre las razones por las que se propone la prevención de la prostitución:
- ONU Mujeres: ha insistido en distinguir entre “trabajo sexual” (sic) consensuado y tráfico sexual.
- ONUSIDA sostiene: que la trata es muy diferente a la prostitución (a la que renombra como “trabajo sexual”) y que hay confusión cuando se las asocia porque el TS sería voluntario y autónomo. Llama la atención que una organización creada para resguardar a la población mundial frente a las epidemias de VIH/SIDA (y proteger particularmente a las personas que viven con VIH/SIDA) se niegue a reconocer a la prostitución como intrínsecamente dañina y en cambio se interese en su promoción y expansión.
- GTZ (Agencia Alemana de Cooperación Técnica), Human Rights Watch (Organización no gubernamental e internacional de derechos humanos).
- Alliance International: Igual posición que ONUSIDA, también facilita financiamiento como Mama Cash.
- En Argentina es pública la posición pro prostitución de: un sector de la CTA (Capital y Córdoba), académicas/os del CONICET y la Fundación F. Ebert.
Algunos/as proxenetas actuales cuyos datos circulan en medios impresos por haber sido querellados:
Raúl Martins. En Argentina y México.
Rafael Levy: con prostíbulo ubicado en la manzana de Cromagnon.
Intervinientes en la red que secuestró y desapareció a Marita Verón: Liliana Medina, Irma Abrahan, Nancy Beatriz García.
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Ésta es una propuesta:
En apoyo a las mujeres de AMADH –Asociación de Mujeres Argentina por los Derechos Humanos-, a Mimí Sifón, a Sonia Sanchez, y a las activistas travestis Lohana Berkins y Diana Sacayán que denuncian los daños prostibularios.
En reclamo por políticas públicas que restituyan y garanticen los derechos económicos, sociales y culturales a las personas afectadas por la institución prostibularia.
Por la defensa del trabajo genuino, de reconocido valor social, registrado, que garantice la seguridad social, y condiciones y espacio histórico de trabajo saludables.
Por la demanda de programas de escolarización, capacitación laboral y de promoción social subvencionados por el Estado para las personas afectadas por la institución prostibularia.
Hacia una sociedad libre de prostitución
El gran desafío es: la deconstrucción del imaginario social de la prostitución como si fuera expresión de libertad sexual y hallar una alternativa a la encerrona de su popularidad universal sostenida tanto en la desigualdad entre mujeres y varones como en la negación de su intrínseca violencia.
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Notas bibliográficas:
1. Ora religiosa ora militarizada ora *patriótica* como se la llegó a reconocer en Cuba y en la mayor parte del mundo actual como parte del sector de entretenimientos-
2. En http://ddhhsaludytrabajolegn.blogspot.com.ar/ ver el Anexo de “Salud, trabajo y prostitución” Año 2002 con la descripción de los tres sistemas jurídicos de la prostitución: Prohibicionista, Reglamentarista y Abolicionista. Mi reparo se debe a la errónea interpretación pública que escucho a menudo sobre el abolicionismo al que se le llega a atribuir desde la abolición de toda legislación penal a una supuesta relación con el prohibicionismo y que el reglamentarismo se suponga el cuidado de personas en situación de vulnerabilidad social. Por supuesto, la presente propuesta es una expresión del abolicionismo dado que se basa en la promoción y defensa de los derechos humanos de las personas afectadas por la institución prostibularia.
3. The sex sector. Lin Lean Lim, OIT, 1998
4. A.N.E.L.A. (Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne) de España constituída en Madrid en febrero de 2001 y legalizada en el 2004. Invitado por sus abogados el periodista Joan Cantarero creó y dirigió el gabinete de comunicación exterior de ANELA, paralelamente Cantarero investigó y denunció a sus líderes por compartir el financiamiento de los grupos de ultra derecha que integraban, por lo que fue expulsado en el año 2005 según relata en “Los amos de la prostitución en España”. He constatado que la web de ANELA estuvo disponible hasta el año 2013 incluyendo en su portada publicidad de grupos promotores de la institución prostibularia, incluso uno argentino. En España por esos años se organizaron cinco asociaciones de proxenetas, algunas financiaron a mujeres prostituídas para actuar como voceras de la institución prostibularia negando tanto sus daños excepcionales como la responsabilidad sobre la trata. Tema de otra de mis investigaciones en curso son las coincidentes estrategias comunicacionales surgidas a fines de los 90' tanto del sector prostibulario como de grupos de ultraderecha: la utilización de términos encubridores y banalizadores para generar la aceptación popular de sus relatos y actividades. La connivencia entre ambos sectores es histórica y también se da en otros países, tal como ocurre en el nuestro.
5. El desmantelamiento de la subjetividad. Estallido del yo. Silvia Bleichmar. Topía editorial. Junio, 2010.
6. Lugar común. La prostitución. Silvia Chejter, EUDEBA, junio, 2011
7. Sildenafil: monodroga del viagra. Utilizada para tratar la disfunción eréctil en los hombres aunque ni la cura ni aumenta la libido, tampoco evita el embarazo ni las ITS (Infecciones de transmisión sexual). Referencia: https://medlineplus.gov/spanish/druginfo/meds/a699015-es.html.
8. Niñas vendedoras de flores en avenidas de la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo en la Av. 9 de Julio. Cita de entrevista a adolescente en Sexualidades de padres a hijos. Eva Giberti y Lucia La Bruna de Andra, Paidos, agosto, 1993.
9. Orengo, Francisco (2001): “Efectos físicos y psiquiátricos de la prostitución sobre las mujeres que la ejercen”, en VVAA: Simposio Internacional sobre prostitución y tráfico de mujeres confines de explotación sexual, Dirección General de la Mujer, Madrid, (47-52)
10. Grietas en el silencio. Una investigación sobre la violencia sexual en el marco del terrorismo de Estado. A. Aucía, F. Barrera, Celina Berterame, Susana Chiarotti, A. Paolini y Cristina Zurutuza, CLADEM, Insgenar, UE, 2ª. reimpresión, junio, 2013.
11. En “Qué es la prostitución y qué daños produce” del 26-10-2013 incluído en www.ddhhsaludytrabajolegn.blogspost.com.ar.
Derechos Humanos: Salud y Trabajo
Reúne investigaciones, escritos, exposiciones y capacitaciones que he llevado a cabo en organismos estatales de educación y de salud y en organizaciones de la sociedad civil sobre salud, ESI, DDSS y RR, trabajo, discriminación, mitos de riesgo, prostitución y trata, desde la perspectiva de la promoción y la defensa de los derechos humanos.
lunes, 31 de octubre de 2016
sábado, 30 de abril de 2016
1º de mayo de 2016
La conmemoración del movimiento por el reclamo de la jornada laboral de 8 horas y la cruenta represión obrera ocurrida entre el 1° al 4 de mayo de 1886 en Chicago, es una convocatoria a la reivindicación y puesta al día del reclamo por los derechos del trabajo.
*Hoy esas conquistas obreras son revertidas por gobiernos y multinacionales sin disparar un solo tiro, y sin tener que llevar al cadalso a nadie para su ahorcamiento*.(1)
Consagrados básicamente en la Declaración Universal de los DDHH en 1948 en sus artículos 23, 24 y 25 referidos al acceso, la libre elección, las condiciones laborales, el seguro de desempleo, la seguridad social y el descanso, los derechos de “la clase que vive del trabajo” (2) una y otra vez han sido conculcados en tiempos dictatoriales o por gobiernos neoliberales en clara connivencia con intereses empresariales y especulativos. Si bien el problema es global preocupa que en nuestro país aun en democracia persistan condiciones de trabajo que configuran explotación y hasta esclavitud y trata particularmente en la actividad agraria y textil.
La centralidad del trabajo ha sido negada con fines especulativos y de control social.
Consecuente con sus objetivos en la última dictadura entre las personas desaparecidas aproximadamente el 83% eran trabajadores, desarticulándose así sus organizaciones lo que facilitó la anulación de las convenciones colectivas de trabajo. El ensañamiento alcanzó a abogados defensores de los derechos de trabajadores, Carlos Alberto Moreno, entre otros. Ésta estrategia logró resquebrajar tanto al plexo normativo que garantizaba los derechos de quienes viven de su trabajo como al propio entramado social.
El trabajo es un derecho humano central dado que es un portentoso organizador subjetivo y social que asegura autonomía e inclusión al sector social cuyo poder estriba en su fuerza de trabajo. Éstas son razones suficientes para ser permanente blanco de ataques que se extienden desde el plano simbólico –cuando se atribuye una supuesta “falta de cultura del trabajo” a personas desocupadas”- hasta el material –cuando las condiciones de trabajo facilitan el acoso moral, el daño físico y llegan a configurar explotación, esclavitud y trata. Estos delitos se cometen particularmente contra trabajadoras/es en situación de vulnerabilidad social y en general la sociedad manifiesta indiferencia o coadyuva actuando con desprecio étnico o clasista.
Si bien en los últimos años han vuelto a sancionarse normas protectivas para las y los trabajadores, derogadas en dictadura, al mismo tiempo se comprueba que dichas normas son violadas. El de Daniel Solano de Tartagal es un caso que si bien es extremo no es el único. Aún hoy se desconoce su paradero. Daniel era un trabajador golondrina contratado por una empresa de Choele Choel que desapareció el 5 de noviembre de 2011 después de reclamar por los salarios de su grupo de trabajo habiéndose comprobado intervención policial en connivencia con la empresa.
También recordamos las detenciones arbitrarias de los trabajadores petroleros de Las Heras tan escandalosas como la represión de los obreros de LEAR y las permanentes deslocalizaciones de pueblos originarios de sus tierras ancestrales –privándoles de básicos insumos de subsistencia entre otras formas de violencia-.
Dichas deslocalizaciones las impulsan y llevan a cabo emprendimientos agrarios, mineros o petroleros generando enormes pérdidas de puestos de trabajo tradicionales y desarraigo, además de daño ambiental perenne.
Otro motivo de desocupación lo constituyen las operaciones de empresarios especuladores quienes asesorados por profesionales tan inescrupulosos como poseedores de sólidos conocimientos contables y jurídicos, vacían empresas. En Argentina, como contrapartida, trabajadoras y trabajadores continúan luchando por sostener como fuente de trabajo a través de la creación de cooperativas como BAUEN, a BRUKMAN ejemplos de empresas que fueran cerradas arbitrariamente sin considerar el daño social que se ocasionaba.
Es alentador que en nuestro país en años recientes se haya:
1. establecido por ley la prohibición de trabajo infantil dado que supone la expectativa de asegurar suficientes puestos de trabajo y retribuciones registradas que satisfagan las necesidades básicas y la seguridad social de la población activa en resguardo de la niñez.
2. reconocidos los derechos de trabajadoras/es de casas particulares.
3. persistido en una política antidiscriminatoria frente a la actual corriente de migración laboral proveniente de países de la región o de otros continentes
.
No obstante, habrá que continuar bregando por:
el reconocimiento de la doble o triple –en los sectores más empobrecidos- de la jornada laboral de las mujeres, la igualdad de retribuciones salariales por igual trabajo entre mujeres y varones, la defensa del trabajo digno y genuino que “además de generar un ingreso facilite el progreso social y económico, y fortalezca a las personas, a sus familias y a las comunidades”. La defensa del trabajo genuino, reconocido como valor social, se impone dados los actuales intentos de legitimar situaciones de exposición a las actividades del narco –mujeres como *mulas*, por ejemplo- o a la prostitución.
En éste 1º de mayo de 2016 “la clase que vive de su trabajo” se encuentra en una situación de novedosa vulnerabilidad.
Por un lado, es descalificada por funcionarios gubernamentales con un insólito neo relato, ora violento ora como si fuera dialoguista –cuyo indispensable análisis excede el objetivo de éste texto- por el cual se intenta responsabilizar a la misma “clase que vive de su trabajo” de la pérdida de puestos de trabajo con excusas bizarras.
Por otro lado, dicha clase, es asediada y atacada concretamente con la pérdida de derechos laborales elementales merced a los cambios de políticas públicas de los últimos meses pergeñadas por un pintoresco reciclaje de ex directivos de multinacionales y organizaciones financieras como funcionarios públicos.
Razones suficientes para que, quienes trabajamos en la defensa del derecho al
Trabajo, se nos presente un verdadero desafío a nuestro compromiso ético y a nuestras inteligencias.
1 al 4 de mayo de 1886/2016
Lic. Leonor G. Núñez
Psicóloga – UBA. Integrante de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos – La Matanza - Buenos Aires - Argentina
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(1) Cito a Ricardo Antunes.
(2) De Los Mártires de Chicago por Luis Zamora en:
http://www.rodolfowalsh.org/spip.php?article1868
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ANEXO:
De la Declaración Universal de los Derechos Humanos
Artículo 4
Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.
Artículo 7
Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación
Artículo 22
Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.
Artículo 23
Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.
Artículo 24
Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.
Artículo 25
Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.
La conmemoración del movimiento por el reclamo de la jornada laboral de 8 horas y la cruenta represión obrera ocurrida entre el 1° al 4 de mayo de 1886 en Chicago, es una convocatoria a la reivindicación y puesta al día del reclamo por los derechos del trabajo.
*Hoy esas conquistas obreras son revertidas por gobiernos y multinacionales sin disparar un solo tiro, y sin tener que llevar al cadalso a nadie para su ahorcamiento*.(1)
Consagrados básicamente en la Declaración Universal de los DDHH en 1948 en sus artículos 23, 24 y 25 referidos al acceso, la libre elección, las condiciones laborales, el seguro de desempleo, la seguridad social y el descanso, los derechos de “la clase que vive del trabajo” (2) una y otra vez han sido conculcados en tiempos dictatoriales o por gobiernos neoliberales en clara connivencia con intereses empresariales y especulativos. Si bien el problema es global preocupa que en nuestro país aun en democracia persistan condiciones de trabajo que configuran explotación y hasta esclavitud y trata particularmente en la actividad agraria y textil.
La centralidad del trabajo ha sido negada con fines especulativos y de control social.
Consecuente con sus objetivos en la última dictadura entre las personas desaparecidas aproximadamente el 83% eran trabajadores, desarticulándose así sus organizaciones lo que facilitó la anulación de las convenciones colectivas de trabajo. El ensañamiento alcanzó a abogados defensores de los derechos de trabajadores, Carlos Alberto Moreno, entre otros. Ésta estrategia logró resquebrajar tanto al plexo normativo que garantizaba los derechos de quienes viven de su trabajo como al propio entramado social.
El trabajo es un derecho humano central dado que es un portentoso organizador subjetivo y social que asegura autonomía e inclusión al sector social cuyo poder estriba en su fuerza de trabajo. Éstas son razones suficientes para ser permanente blanco de ataques que se extienden desde el plano simbólico –cuando se atribuye una supuesta “falta de cultura del trabajo” a personas desocupadas”- hasta el material –cuando las condiciones de trabajo facilitan el acoso moral, el daño físico y llegan a configurar explotación, esclavitud y trata. Estos delitos se cometen particularmente contra trabajadoras/es en situación de vulnerabilidad social y en general la sociedad manifiesta indiferencia o coadyuva actuando con desprecio étnico o clasista.
Si bien en los últimos años han vuelto a sancionarse normas protectivas para las y los trabajadores, derogadas en dictadura, al mismo tiempo se comprueba que dichas normas son violadas. El de Daniel Solano de Tartagal es un caso que si bien es extremo no es el único. Aún hoy se desconoce su paradero. Daniel era un trabajador golondrina contratado por una empresa de Choele Choel que desapareció el 5 de noviembre de 2011 después de reclamar por los salarios de su grupo de trabajo habiéndose comprobado intervención policial en connivencia con la empresa.
También recordamos las detenciones arbitrarias de los trabajadores petroleros de Las Heras tan escandalosas como la represión de los obreros de LEAR y las permanentes deslocalizaciones de pueblos originarios de sus tierras ancestrales –privándoles de básicos insumos de subsistencia entre otras formas de violencia-.
Dichas deslocalizaciones las impulsan y llevan a cabo emprendimientos agrarios, mineros o petroleros generando enormes pérdidas de puestos de trabajo tradicionales y desarraigo, además de daño ambiental perenne.
Otro motivo de desocupación lo constituyen las operaciones de empresarios especuladores quienes asesorados por profesionales tan inescrupulosos como poseedores de sólidos conocimientos contables y jurídicos, vacían empresas. En Argentina, como contrapartida, trabajadoras y trabajadores continúan luchando por sostener como fuente de trabajo a través de la creación de cooperativas como BAUEN, a BRUKMAN ejemplos de empresas que fueran cerradas arbitrariamente sin considerar el daño social que se ocasionaba.
Es alentador que en nuestro país en años recientes se haya:
1. establecido por ley la prohibición de trabajo infantil dado que supone la expectativa de asegurar suficientes puestos de trabajo y retribuciones registradas que satisfagan las necesidades básicas y la seguridad social de la población activa en resguardo de la niñez.
2. reconocidos los derechos de trabajadoras/es de casas particulares.
3. persistido en una política antidiscriminatoria frente a la actual corriente de migración laboral proveniente de países de la región o de otros continentes
.
No obstante, habrá que continuar bregando por:
el reconocimiento de la doble o triple –en los sectores más empobrecidos- de la jornada laboral de las mujeres, la igualdad de retribuciones salariales por igual trabajo entre mujeres y varones, la defensa del trabajo digno y genuino que “además de generar un ingreso facilite el progreso social y económico, y fortalezca a las personas, a sus familias y a las comunidades”. La defensa del trabajo genuino, reconocido como valor social, se impone dados los actuales intentos de legitimar situaciones de exposición a las actividades del narco –mujeres como *mulas*, por ejemplo- o a la prostitución.
En éste 1º de mayo de 2016 “la clase que vive de su trabajo” se encuentra en una situación de novedosa vulnerabilidad.
Por un lado, es descalificada por funcionarios gubernamentales con un insólito neo relato, ora violento ora como si fuera dialoguista –cuyo indispensable análisis excede el objetivo de éste texto- por el cual se intenta responsabilizar a la misma “clase que vive de su trabajo” de la pérdida de puestos de trabajo con excusas bizarras.
Por otro lado, dicha clase, es asediada y atacada concretamente con la pérdida de derechos laborales elementales merced a los cambios de políticas públicas de los últimos meses pergeñadas por un pintoresco reciclaje de ex directivos de multinacionales y organizaciones financieras como funcionarios públicos.
Razones suficientes para que, quienes trabajamos en la defensa del derecho al
Trabajo, se nos presente un verdadero desafío a nuestro compromiso ético y a nuestras inteligencias.
1 al 4 de mayo de 1886/2016
Lic. Leonor G. Núñez
Psicóloga – UBA. Integrante de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos – La Matanza - Buenos Aires - Argentina
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(1) Cito a Ricardo Antunes.
(2) De Los Mártires de Chicago por Luis Zamora en:
http://www.rodolfowalsh.org/spip.php?article1868
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ANEXO:
De la Declaración Universal de los Derechos Humanos
Artículo 4
Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.
Artículo 7
Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación
Artículo 22
Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.
Artículo 23
Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.
Artículo 24
Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.
Artículo 25
Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.
26-10-2013 "Qué es la prostitución y qué daños produce".
Ponencia presentada en las Jornadas: “Mar del Plata le dice NO a la trata”. Mesa interinstitucional de lucha contra la trata de personas. 26-10-2013. Mesa sobre: La asistencia a las víctimas del delito de trata de personas.
Título: “Qué es la prostitución y qué daños produce”. Lic. Leonor G. Núñez (*)
Agradezco al Fiscal Daniel Adler la invitación a participar en éstas Jornadas.
Al finalizar ésta mesa ofreceré a quien lo requiera asesoramiento pautado en la confidencialidad y el anonimato sobre éstos temas.
Desde muchos años atrás la APDH viene manifestándose tanto en el país como en fueros de NNUU frente al delito de la trata por entender que además de ser un problema de seguridad también lo es de derechos humanos.
Este año avanzamos al constituir una Comisión específica integrada por Gilou García Reinoso, María Elena Naddeo, Natalie Naveira y los abogados Paula Alvarado -a cargo de la problemática de los pueblos originarios y Pablo Pérez Ledesma.
El delito de trata se configura como una violación de los DDHH cuando los responsables directos o indirectos son agentes del Estado o cuando ocurre porque el accionar del Estado resulta insuficiente para prevenir investigar o sancionar, es decir por omisión o negligencia en el accionar de dichos agentes, dado que sostenemos la responsabilidad excluyente del estado como garante de los derechos humanos. No obstante, reconocemos y asi lo hemos informado en NNUU, las políticas públicas que se han desarrollado en los últimos años están revirtiendo el escandaloso silencio estatal que por décadas terminó prohijando a la institución prostibularia y a su inevitable consecuencia: la trata.
Como organismo histórico de DDHH entendemos que a la vez de exigir eficacia al Estado en la lucha contra el delito de trata, tanto para explotación sexual o como para explotación laboral, será indispensable concientizar sobre las problemáticas sociales que generan las condiciones para que éste delito ocurra y que en el imaginario social son opacadas por prejuicios sexistas, étnicos, homofóbicos o de clase.
Los dos principales determinantes son en el primer caso, la institución prostibularia: una de las formas más antiguas y populares del desprecio y la discriminación contra las mujeres.
Y en el segundo caso, la discriminación hacia sectores empobrecidos, particularmente los pertenecientes a etnias de pueblos originarios.
Desde el principio de los tiempos históricos se plasmó la hegemonía de un sexo sobre el otro. Heródoto ya contaba los habituales secuestros de mujeres en los comienzos. Y en la historia escrita por varones se creó la leyenda de la prostituta. Ora sagrada, ora militar, ora como si fuera una salida laboral. Inclusive asignándole esa categoría a mujeres que se atrevieron a expresar autonomía o a ejercer el poder. Los ejemplos bíblicos son variados y testimonian el reconocimiento a una institución milenaria que aspiramos a poner en crisis.
Para quien le interese traje una biblia católica con las citas marcadas. Sé lo difícil que es escuchar un punto de vista diferente al que es tendencia, cuando un filtro de creencias, prejuicios y mitos anestesiantes bloquean los sentidos. Sin embargo, para analizar rigurosamente a la institución prostibularia es indispensable comenzar por deconstruir el *mito de la prostituta*. Es decir, obligarnos a evitar esa denominación que impone tomar un rasgo como si bastara para definir y otorgar identidad. Coincido con Silvia Chejter cuando interroga sobre quién es el sujeto de la prostitución. Para quienes sostenemos que es la demanda la que determina a la oferta – ésta será la única alusión económica que plantearé sobre la prostitución- en oposición a la refutable y pre keynesiana Ley de Say que sostiene que la oferta determina la demanda, se hace evidente que el sujeto de la prostitución es quien prostituye o dicho de otro modo es quien demanda poder prostituir.
Claro está que éste planteo además de modificar el discurso también lo hará con la interpretación de los roles y de las responsabilidades. Es la razón por la que en los documentos de la APDH sobre ésta grave problemática social encontrarán que nos referimos exclusivamente a la “situación de prostitución” interpretando que eso es lo que se intentó expresar cuando al legislar se sostiene que “la prostitución no está penalizada y sí lo está la explotación de la prostitución ajena. El “mito de la prostituta” se infiltró en éste aparente juego de palabras y la repetición acrítica cristalizó el malentendido. Porque si la institución prostibularia no estuviera prohibida no habría razón alguna para sostener la figura delictiva del proxeneta o del/a regente.
La naturalización de la identificación de las mujeres con la prostitución es de tal grado de irracionalidad que automáticamente cuando se habla de prostitución se piensa en una mujer a la que se etiqueta como prostituta.
En resumen: lo que no está penalizado es la situación de prostitución. Lo que hace la persona parada en la esquina o dentro del prostíbulo es exponerse a ser prostituída por una simple razón: nadie puede prostituirse en soledad debe ser otra persona quien la prostituya. Desde éste punto de vista la expresión *se prostituye* debería referirse a quien prostituye y no a quien es prostituída/o. Cuando roban a alguien no lo comunicamos diciendo *se roba*, tenemos claro que el o la ladrona es otra persona porque nadie se roba a sí misma.
La definición tradicional de la prostitución como canje de sexo por dinero por su variopinta interpretación genera confusión –a veces tan descabellada como para afirmar que el matrimonio podría considerarse una de las formas- describiré a la situación de prostitución en una imagen algo bizarra pero que grafica la escena prostibularia como “penetraciones seriales de todos los orificios factibles de ser penetrados por diferentes códigos genéticos, es decir siempre por diferentes varones”. Y me refiero sólo a varones porque el número de las prostituidoras de varones o de mujeres se restringe casi exclusivamente a grupos de muy altos ingresos y continúa careciendo de toda significación estadística.
Entonces: quien ejerce la prostitución es quien prostituye y nunca quien es prostituída/o.
La institución prostibularia tiene establecidas sus normas en todo el planeta, es transcultural y goza de una popularidad similar al deporte preferido de cada lugar, aquí, por ejemplo, es tan popular como el futbol. De ahí el reconocimiento de las dificultades para cuestionarla. Pero el coraje para discutir su razón de existir no surgió por generación espontánea, lo hemos obtenido –como es mi caso- en el transcurso de más de cinco décadas por constatar una y otra vez los daños excepcionales –y renegados por la mencionada popularidad- que a veces son irreversibles, otros generan la transformación de personas prostituídas en replicadoras de daños ejerciendo funciones de promotoras, facilitadoras, reclutadoras, regentas/es o proxenetas y otras personas afectadas cometen suicidio. De entrada son dos las situaciones básicas que debe enfrentar una persona en situación de prostitución: el miedo y el asco. Es habitual el uso de sustancias para disolver la repulsión y el temor como también para darse ánimo y poder transformar su intimidad en pública.
Algunas/os integrantes del equipo de salud hemos asumido el imperativo ético de denunciar a la institución prostibularia como institución dañina y criminal, opacar o negar sus consecuencias individuales, sociales y culturales equivaldría a una evidente complicidad.
Por ésto nos hemos comprometido en el apoyo a las personas que habiendo vivido o viviendo en situación de prostitución reconocen sus efectos y la denuncian. Son personas, mujeres, personas trans o varones que enfrentan su realidad con valentía y un gran compromiso social para poner en crisis a ésta institución milenaria y ahora tan mediática. Parten de una subjetividad prostituída y en muchos casos arrasada y realizando un portentoso trabajo
anímico recuperan su autonomía emocional, de pensamiento y de acción y se proyectan a un futuro -en muchos casos comenzando por alfabetizarse- de recuperación de derechos, de reparación personal y de su red social.
Existen grandes dificultades para difundir los daños prostibularios. Los registros y las estadísticas brillan por su ausencia. En relación a los daños físicos, recabar datos médicos es un arduo trabajo. Algunas/os médicas/os directamente niegan atender personas en prostitución, otras reconocen que no han publicado nada. Los datos más conocidos se refieren a las ITS. En una entrevista personal una médica a cargo de un CESAC de CABA me refirió que en las personas expuestas a la prostitución es muy frecuente la infección por el VPH, se registran casos de sífilis con secundarismos y también congénita, hepatitis B, C y VIH. También dolores habituales en mamas y en genitales. Y en cuánto a lesiones, los desgarros anales con incontinencia fecal son más frecuentes que en el resto de la población y más aun los desgarros de cuello de útero. La institución prostibularia tiene como característica ejercer una especie de *atrapamiento* aunque no implique encierro. El *atrapamiento* es psíquico y vincular. Determina con quien interactuar y con quien no. La subjetividad se construye en relaciones de poder y el poder prostibulario es omnímodo. Determina un léxico particular, modos defensivos violentos o fóbicos, estimula la capacidad de fabulación e instala a la persona en un magma de desconfianza generalizada. La lista de daños es demasiado extensa como para continuar ahora, pero su conocimiento nos autoriza a sostener que son daños excepcionales, por su profundidad y permanencia. Por ej. es la única actividad que expone al embarazo no deseado.
Sin embargo, circulan argumentos en defensa de los prostíbulos –cualquiera sea la denominación encubridora que se elija-, de las zonas de prostitución o de *la esquina*. En cualquier caso, la persona expuesta a la prostitución –con o sin proxeneta pero siempre bajo algún tipo de tutela policial, enfrenta: al asco, a la violencia, a situaciones de consumo de sustancias psicoactivas propias o de quien la prostituye a la demanda de niñas o niños –recomiendo leer la investigación coordinada por Silvia Chejter *La niñez prostituída* y particularmente en lugares cerrados a la demanda de exotismo. Sonia Sanchez nos comentaba días atrás que en Chaco se están demandando niñas de pueblos originarios en lugar de mujeres dominicanas.
Sólo negando la condición humana igualitaria de todas las personas y los daños múltiples, diversos y excepcionales que produce la institución prostibularia, es posible aceptar que continúe existiendo.
Las leyes para perseguir los delitos de explotación sexual y trata son necesarias pero insuficientes si no las correspondemos con los imprescindibles cambios culturales a los que estamos convocando. Por supuesto, esto es sólo un esbozo, el tema da para un seminario. Muchas gracias.
(*) Coordinadora de la Comisión frente al trabajo esclavo, la explotación, la trata y el tráfico de personas de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos – APDH- hasta agosto del año 2015.
Publicado en web de INSGENAR: Instituto de género derecho y desarrollo
Ponencia presentada en las Jornadas: “Mar del Plata le dice NO a la trata”. Mesa interinstitucional de lucha contra la trata de personas. 26-10-2013. Mesa sobre: La asistencia a las víctimas del delito de trata de personas.
Título: “Qué es la prostitución y qué daños produce”. Lic. Leonor G. Núñez (*)
Agradezco al Fiscal Daniel Adler la invitación a participar en éstas Jornadas.
Al finalizar ésta mesa ofreceré a quien lo requiera asesoramiento pautado en la confidencialidad y el anonimato sobre éstos temas.
Desde muchos años atrás la APDH viene manifestándose tanto en el país como en fueros de NNUU frente al delito de la trata por entender que además de ser un problema de seguridad también lo es de derechos humanos.
Este año avanzamos al constituir una Comisión específica integrada por Gilou García Reinoso, María Elena Naddeo, Natalie Naveira y los abogados Paula Alvarado -a cargo de la problemática de los pueblos originarios y Pablo Pérez Ledesma.
El delito de trata se configura como una violación de los DDHH cuando los responsables directos o indirectos son agentes del Estado o cuando ocurre porque el accionar del Estado resulta insuficiente para prevenir investigar o sancionar, es decir por omisión o negligencia en el accionar de dichos agentes, dado que sostenemos la responsabilidad excluyente del estado como garante de los derechos humanos. No obstante, reconocemos y asi lo hemos informado en NNUU, las políticas públicas que se han desarrollado en los últimos años están revirtiendo el escandaloso silencio estatal que por décadas terminó prohijando a la institución prostibularia y a su inevitable consecuencia: la trata.
Como organismo histórico de DDHH entendemos que a la vez de exigir eficacia al Estado en la lucha contra el delito de trata, tanto para explotación sexual o como para explotación laboral, será indispensable concientizar sobre las problemáticas sociales que generan las condiciones para que éste delito ocurra y que en el imaginario social son opacadas por prejuicios sexistas, étnicos, homofóbicos o de clase.
Los dos principales determinantes son en el primer caso, la institución prostibularia: una de las formas más antiguas y populares del desprecio y la discriminación contra las mujeres.
Y en el segundo caso, la discriminación hacia sectores empobrecidos, particularmente los pertenecientes a etnias de pueblos originarios.
Desde el principio de los tiempos históricos se plasmó la hegemonía de un sexo sobre el otro. Heródoto ya contaba los habituales secuestros de mujeres en los comienzos. Y en la historia escrita por varones se creó la leyenda de la prostituta. Ora sagrada, ora militar, ora como si fuera una salida laboral. Inclusive asignándole esa categoría a mujeres que se atrevieron a expresar autonomía o a ejercer el poder. Los ejemplos bíblicos son variados y testimonian el reconocimiento a una institución milenaria que aspiramos a poner en crisis.
Para quien le interese traje una biblia católica con las citas marcadas. Sé lo difícil que es escuchar un punto de vista diferente al que es tendencia, cuando un filtro de creencias, prejuicios y mitos anestesiantes bloquean los sentidos. Sin embargo, para analizar rigurosamente a la institución prostibularia es indispensable comenzar por deconstruir el *mito de la prostituta*. Es decir, obligarnos a evitar esa denominación que impone tomar un rasgo como si bastara para definir y otorgar identidad. Coincido con Silvia Chejter cuando interroga sobre quién es el sujeto de la prostitución. Para quienes sostenemos que es la demanda la que determina a la oferta – ésta será la única alusión económica que plantearé sobre la prostitución- en oposición a la refutable y pre keynesiana Ley de Say que sostiene que la oferta determina la demanda, se hace evidente que el sujeto de la prostitución es quien prostituye o dicho de otro modo es quien demanda poder prostituir.
Claro está que éste planteo además de modificar el discurso también lo hará con la interpretación de los roles y de las responsabilidades. Es la razón por la que en los documentos de la APDH sobre ésta grave problemática social encontrarán que nos referimos exclusivamente a la “situación de prostitución” interpretando que eso es lo que se intentó expresar cuando al legislar se sostiene que “la prostitución no está penalizada y sí lo está la explotación de la prostitución ajena. El “mito de la prostituta” se infiltró en éste aparente juego de palabras y la repetición acrítica cristalizó el malentendido. Porque si la institución prostibularia no estuviera prohibida no habría razón alguna para sostener la figura delictiva del proxeneta o del/a regente.
La naturalización de la identificación de las mujeres con la prostitución es de tal grado de irracionalidad que automáticamente cuando se habla de prostitución se piensa en una mujer a la que se etiqueta como prostituta.
En resumen: lo que no está penalizado es la situación de prostitución. Lo que hace la persona parada en la esquina o dentro del prostíbulo es exponerse a ser prostituída por una simple razón: nadie puede prostituirse en soledad debe ser otra persona quien la prostituya. Desde éste punto de vista la expresión *se prostituye* debería referirse a quien prostituye y no a quien es prostituída/o. Cuando roban a alguien no lo comunicamos diciendo *se roba*, tenemos claro que el o la ladrona es otra persona porque nadie se roba a sí misma.
La definición tradicional de la prostitución como canje de sexo por dinero por su variopinta interpretación genera confusión –a veces tan descabellada como para afirmar que el matrimonio podría considerarse una de las formas- describiré a la situación de prostitución en una imagen algo bizarra pero que grafica la escena prostibularia como “penetraciones seriales de todos los orificios factibles de ser penetrados por diferentes códigos genéticos, es decir siempre por diferentes varones”. Y me refiero sólo a varones porque el número de las prostituidoras de varones o de mujeres se restringe casi exclusivamente a grupos de muy altos ingresos y continúa careciendo de toda significación estadística.
Entonces: quien ejerce la prostitución es quien prostituye y nunca quien es prostituída/o.
La institución prostibularia tiene establecidas sus normas en todo el planeta, es transcultural y goza de una popularidad similar al deporte preferido de cada lugar, aquí, por ejemplo, es tan popular como el futbol. De ahí el reconocimiento de las dificultades para cuestionarla. Pero el coraje para discutir su razón de existir no surgió por generación espontánea, lo hemos obtenido –como es mi caso- en el transcurso de más de cinco décadas por constatar una y otra vez los daños excepcionales –y renegados por la mencionada popularidad- que a veces son irreversibles, otros generan la transformación de personas prostituídas en replicadoras de daños ejerciendo funciones de promotoras, facilitadoras, reclutadoras, regentas/es o proxenetas y otras personas afectadas cometen suicidio. De entrada son dos las situaciones básicas que debe enfrentar una persona en situación de prostitución: el miedo y el asco. Es habitual el uso de sustancias para disolver la repulsión y el temor como también para darse ánimo y poder transformar su intimidad en pública.
Algunas/os integrantes del equipo de salud hemos asumido el imperativo ético de denunciar a la institución prostibularia como institución dañina y criminal, opacar o negar sus consecuencias individuales, sociales y culturales equivaldría a una evidente complicidad.
Por ésto nos hemos comprometido en el apoyo a las personas que habiendo vivido o viviendo en situación de prostitución reconocen sus efectos y la denuncian. Son personas, mujeres, personas trans o varones que enfrentan su realidad con valentía y un gran compromiso social para poner en crisis a ésta institución milenaria y ahora tan mediática. Parten de una subjetividad prostituída y en muchos casos arrasada y realizando un portentoso trabajo
anímico recuperan su autonomía emocional, de pensamiento y de acción y se proyectan a un futuro -en muchos casos comenzando por alfabetizarse- de recuperación de derechos, de reparación personal y de su red social.
Existen grandes dificultades para difundir los daños prostibularios. Los registros y las estadísticas brillan por su ausencia. En relación a los daños físicos, recabar datos médicos es un arduo trabajo. Algunas/os médicas/os directamente niegan atender personas en prostitución, otras reconocen que no han publicado nada. Los datos más conocidos se refieren a las ITS. En una entrevista personal una médica a cargo de un CESAC de CABA me refirió que en las personas expuestas a la prostitución es muy frecuente la infección por el VPH, se registran casos de sífilis con secundarismos y también congénita, hepatitis B, C y VIH. También dolores habituales en mamas y en genitales. Y en cuánto a lesiones, los desgarros anales con incontinencia fecal son más frecuentes que en el resto de la población y más aun los desgarros de cuello de útero. La institución prostibularia tiene como característica ejercer una especie de *atrapamiento* aunque no implique encierro. El *atrapamiento* es psíquico y vincular. Determina con quien interactuar y con quien no. La subjetividad se construye en relaciones de poder y el poder prostibulario es omnímodo. Determina un léxico particular, modos defensivos violentos o fóbicos, estimula la capacidad de fabulación e instala a la persona en un magma de desconfianza generalizada. La lista de daños es demasiado extensa como para continuar ahora, pero su conocimiento nos autoriza a sostener que son daños excepcionales, por su profundidad y permanencia. Por ej. es la única actividad que expone al embarazo no deseado.
Sin embargo, circulan argumentos en defensa de los prostíbulos –cualquiera sea la denominación encubridora que se elija-, de las zonas de prostitución o de *la esquina*. En cualquier caso, la persona expuesta a la prostitución –con o sin proxeneta pero siempre bajo algún tipo de tutela policial, enfrenta: al asco, a la violencia, a situaciones de consumo de sustancias psicoactivas propias o de quien la prostituye a la demanda de niñas o niños –recomiendo leer la investigación coordinada por Silvia Chejter *La niñez prostituída* y particularmente en lugares cerrados a la demanda de exotismo. Sonia Sanchez nos comentaba días atrás que en Chaco se están demandando niñas de pueblos originarios en lugar de mujeres dominicanas.
Sólo negando la condición humana igualitaria de todas las personas y los daños múltiples, diversos y excepcionales que produce la institución prostibularia, es posible aceptar que continúe existiendo.
Las leyes para perseguir los delitos de explotación sexual y trata son necesarias pero insuficientes si no las correspondemos con los imprescindibles cambios culturales a los que estamos convocando. Por supuesto, esto es sólo un esbozo, el tema da para un seminario. Muchas gracias.
(*) Coordinadora de la Comisión frente al trabajo esclavo, la explotación, la trata y el tráfico de personas de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos – APDH- hasta agosto del año 2015.
Publicado en web de INSGENAR: Instituto de género derecho y desarrollo
Exposición escrita sobre trata de personas presentada en NNUU.
Naciones Unidas - Asamblea General - GE.13- 13982 - Consejo
de Derechos Humanos: 23º período de sesiones - Tema 3 del programa. Promoción y
protección de todos los derechos humanos, civiles, políticos, económicos,
sociales y culturales, incluido el derecho al desarrollo.
Exposición escrita* presentada por Permanent Assembly for
Human Rights, organización no gubernamental reconocida como entidad consultiva
especial
El Secretario General ha recibido la siguiente exposición
por escrito que se distribuye con arreglo a la resolución 1996/31 del Consejo
Económico y Social. [10 de mayo de 2013]
* Se distribuye esta exposición escrita sin editar, en
el/los idioma(s) tal como ha sido recibida de la(s) organización(es) no
gubernamental(es). Naciones Unidas A/HRC/23/NGO/54. Asamblea General Distr.
General - 22 de mayo de 2013 - Español solamente
(1)Trata de personas
La APDH -Asamblea Permanente por los Derechos Humanos
-saluda la labor de la
Relatora Especial sobre la trata de personas, especialmente
mujeres y niños. Asimismo, valora el "Informe de la Relatora Especial
sobre la trata de
personas, especialmente mujeres y niños, Joy Ngozi Ezeilo
- Adición - Consulta de expertos sobre la trata de personas y las cadenas
mundiales de suministro (A/HRC/23/48/Add.4)". Advierte, en tal sentido, la
importancia de abordar de forma integral el fenómeno de la migración a fin de
prevenir la trata de personas en las relaciones de contratación de trabajadores
enfatizando en la responsabilidad empresarial.
Desde comienzos de la década de los 90 en todo el mundo
se registra un aumento inusitado de trata de personas en el marco de la
globalización de la economía de mercado. Por ésta situación recordamos que en
el ámbito de la Organización de las Naciones Unidas se impulsó el *Protocolo
para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres
y niños, que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la
delincuencia organizada transnacional*, con el objetivo de controlar y
erradicar ésta aberrante actividad. Dicho Protocolo fue aprobado por la Asamblea Gral. de
las Naciones Unidas en noviembre de 2000 en Palermo, Italia, y ratificado por
Argentina en 2002.
En la República Argentina la Ley 26.364 tipificó y
federalizó el delito de trata en el año 2008.
Resulta oportuno señalar que la explotación de la
prostitución ajena genera el mayor número de víctimas de trata en Argentina
–entre 85% y 90%-, el resto es por explotación laboral y adopciones ilegales.
La –situación de- prostitución es legal en la República Argentina ,
de ahí que la persecución de las personas prostituídas –más allá de su sexo y
género-, establecida por algunos códigos contravencionales provinciales que
persisten, contraviene leyes vigentes. Nuestras leyes sí condenan tanto al
proxenetismo -Art. 126 del Código Penal (CP) “promoción o facilitación de la prostitución
ajena”-, como al rufianismo -Art. 127 del CP “explotación de la
prostitución ajena”-.
La APDH saluda la sanción de la Ley 26.842/12 que
modificó recientemente a la ley 26.364 en varios aspectos que fueron reclamados
por ésta misma organización en la 17ma. Sesión del Consejo de Derechos Humanos
de Naciones Unidas (Ginebra, Junio 2011): eliminando los medios comisivos y
reafirmando la responsabilidad de autores, partícipes, cooperadores o
instigadores aun ante un supuesto consentimiento de las víctimas de trata y
explotación de personas. También impulsa, además de una política pública de
promoción social y defensa integral de las víctimas para la restitución de sus
derechos, actividades para la concientización social, la capacitación y otorga
un espacio a las organizaciones de la
sociedad civil en el futuro Consejo Federal.
No obstante, la APDH considera que la sola sanción de
leyes es insuficiente para abordar el grave delito y problema social que genera
la trata, sobre todo la que se desarrolla con fines de explotación sexual, por
lo que un cambio cultural es imprescindible aunque requiera mucho tiempo y
esfuerzo.
En otro orden de ideas, la APDH desea expresar su
preocupación ante la impunidad que ha marcado el emblemático caso de la joven Marita Verón ,
desaparecida hace más de diez años, víctima de una red de trata de personas con
fines de explotación sexual. En diciembre de 2012 un tribunal de segunda
instancia de la Provincia de Tucumán absolvió a todos los imputados por éste
crimen. Cabe señalar que en su momento el titular de la *Unidad Fiscal de
Asistencia en Secuestros Extorsivos y Trata de Personas* (UFASE), hoy elevada
al rango de *Procuraduría para el Combate de la trata y Explotacion de
Personas* (PROTEX) denunció que durante la instrucción se cometieron errores e
ilicitudes y que con la sesgada interpretación que se hizo en el juicio de la
prueba testimonial de las mujeres –afectadas por explotación sexual- se
colocaba al Estado Argentino a las puertas de la responsabilidad internacional.
Dos de los tres jueces del mencionado Tribunal tucumano enfrentan actualmente
el jury de enjuiciamiento acusados de falta de cumplimiento de los deberes a su
cargo.
Finalmente, la APDH aprovecha éste espacio para instar a
los Estados a que impulsen proyectos destinados a superar las graves
problemáticas sociales de la prostitución y de la explotación sexual a partir
de medidas efectivas para la restitución de los DESC -Derechos economicos,
sociales y culturales- de toda persona en situación de vulnerabilidad social.
(1) Exposición que elaborara en colaboración con integrantes
de la Secretaría de Relaciones Internacionales de la APDH coordinada por el Dr.
Horacio Ravenna .
Lic. Leonor E. G. Núñez
6-02-2013 Informe declaración sobre trata de personas y prostitución en Argentina elaborado para la APDH - Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.
Desde comienzos de la década de los 90 en todo el mundo se registra un aumento inusitado de trata de personas en el marco de la globalización de la economía de mercado. Por ésta situación las Naciones Unidas impulsaron en el 2000 en Palermo (Italia) un Protocolo (*) con el objetivo de controlar y erradicar ésta aberrante actividad. La definición adoptada incluyó tres elementos.
Las acciones de captación: Transporte y/o traslado –dentro del país, desde o hacia el exterior- y el acogimiento o recepción.
Los fines: como promover, facilitar u obtener provecho de cualquier forma de comercio sexual, reducir a esclavitud, imponer trabajos o servicios forzados, extracción ilícita de órganos o tejidos humanos.
Y los medios comisivos por los cuales se anula o se limita la capacidad de decisión cuando las víctimas sean mayores de 18 años. Éstos medios son: la violencia, el engaño, el fraude, la amenaza, el abuso de autoridad o la situación de vulnerabilidad, la intimidación o la coerción, concesión o recepción de beneficios para obtener el consentimiento de quien tenga autoridad sobre la víctima. Así, cuando la víctima no podía probarlos se suponía que habría consentido su propia explotación.
En nuestro país la Ley 26.364/08, si bien tificó y federalizó el delito de trata, al incluir esa caracterización terminó motivando el cuestionamiento de activistas por los derechos de las mujeres de varios países que reclamaban omitir los medios comisivos, ya que en mayores de 18 años posibilitaban presumir el consentimiento de las víctimas y la consecuente impunidad de proxenetas y tratantes. Dicha caracterización constituyó un retroceso frente a la legislación -resultante de la primera ola de trata externa en el país- que estableciera ya en 1937, tanto la prohibición de locales para prostitución como de la promoción y facilitación de la prostitución: Ley 12.331 artículos 15 y 17. Ésta posición
fue corroborada en 1949 por la Res. Nº 317 de la Asamblea de las NNUU en el Convenio para la represión de la trata de personas y de la Explotación de la prostitución ajena (**) y por la Convención para la eliminación de toda forma de discriminación contra las mujeres de 1979 (***), ambos instrumentos ratificados por nuestro país. Cabe señalar que el delito de trata se configura cuando las acciones descriptas más arriba persiguen fines de explotación y está en juego la libertad de autodeterminación.
La explotación de la prostitución ajena genera el mayor número de víctimas de trata en Argentina –entre 85 y 90%- el resto es por explotación laboral, adopciones ilegales y comercio de órganos.
La –situación de- prostitución es legal en nuestro país, de ahí que la persecución de las personas prostituídas –más allá de su sexo y género-, establecida por algunos códigos contravencionales provinciales que persisten, contraviene leyes vigentes. Nuestras leyes sí condenan tanto al proxenetismo -Art. 126 del CP “promoción o facilitación de la prostitución ajena”-, como al rufianismo -Art. 127 del CP “explotación de la prostitución ajena”-.
La Ley 26.842/12 modifica a la ley 26.364 en varios aspectos reclamados por las organizaciones de DDHH: elimina los medios comisivos y reafirma la responsabilidad de autores, partícipes, cooperadores o instigadores aun ante un supuesto consentimiento de las víctimas de trata y explotación de personas. También impulsa además de una política pública de promoción social y defensa integral de las víctimas para la restitución de sus derechos, actividades para la concientización social y la capacitación.
Es sabido que las leyes son tan necesarias como insuficientes si la sociedad elude su responsabilidad, por lo que un cambio cultural es imprescindible aunque requiera mucho tiempo y esfuerzo.
Si varios estudios demuestran la oferta permanente de niñas y niños en los prostíbulos de Argentina (por ej. UNICEF, 2001) razón por la que en 2005 el Consejo de niñas, niños y adolescentes de CABA desarrolló un Programa de atención –discontinuado- serán necesarias actividades de concientización hacia quienes prostituyen.
Si transcurrieron décadas -desde 1937- sin condenas de tratantes, proxenetas y rufianes, situación que sólo comenzó a revertirse recientemente y en cambio abundaban las condenas a personas prostituídas, será necesario apoyar los esfuerzos, por ejemplo de la Corte Suprema de Justicia por capacitar a integrantes del Poder Judicial. Sobre todo para que pueda reconocerse lo determinante que puede ser para una persona vivir en estado de vulnerabilidad social de generación en generación.
Tareas que la APDH continuará promoviendo y llevando a cabo para la protección de los DDHH de las personas afectadas y del resto de la comunidad.
Lic. Leonor E. G. Núñez
(*) Protocolo complementario de la Convención de las NNUU contra la delincuencia organizada transnacional del 2000, ratificado por Argentina en 2002.
(**) Cuyo Preámbulo afirma: “Considerando que la prostitución y el mal que la acompaña, la trata de personas para fines de prostitución, son incompatibles con la dignidad y el valor de la persona humana y ponen en peligro el bienestar del individuo, de la familia y de la comunidad”.
(***)Artículo 6. Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas, incluso de carácter legislativo, para suprimir todas las formas de trata de mujeres y explotación de la prostitución de la mujer.
Desde comienzos de la década de los 90 en todo el mundo se registra un aumento inusitado de trata de personas en el marco de la globalización de la economía de mercado. Por ésta situación las Naciones Unidas impulsaron en el 2000 en Palermo (Italia) un Protocolo (*) con el objetivo de controlar y erradicar ésta aberrante actividad. La definición adoptada incluyó tres elementos.
Las acciones de captación: Transporte y/o traslado –dentro del país, desde o hacia el exterior- y el acogimiento o recepción.
Los fines: como promover, facilitar u obtener provecho de cualquier forma de comercio sexual, reducir a esclavitud, imponer trabajos o servicios forzados, extracción ilícita de órganos o tejidos humanos.
Y los medios comisivos por los cuales se anula o se limita la capacidad de decisión cuando las víctimas sean mayores de 18 años. Éstos medios son: la violencia, el engaño, el fraude, la amenaza, el abuso de autoridad o la situación de vulnerabilidad, la intimidación o la coerción, concesión o recepción de beneficios para obtener el consentimiento de quien tenga autoridad sobre la víctima. Así, cuando la víctima no podía probarlos se suponía que habría consentido su propia explotación.
En nuestro país la Ley 26.364/08, si bien tificó y federalizó el delito de trata, al incluir esa caracterización terminó motivando el cuestionamiento de activistas por los derechos de las mujeres de varios países que reclamaban omitir los medios comisivos, ya que en mayores de 18 años posibilitaban presumir el consentimiento de las víctimas y la consecuente impunidad de proxenetas y tratantes. Dicha caracterización constituyó un retroceso frente a la legislación -resultante de la primera ola de trata externa en el país- que estableciera ya en 1937, tanto la prohibición de locales para prostitución como de la promoción y facilitación de la prostitución: Ley 12.331 artículos 15 y 17. Ésta posición
fue corroborada en 1949 por la Res. Nº 317 de la Asamblea de las NNUU en el Convenio para la represión de la trata de personas y de la Explotación de la prostitución ajena (**) y por la Convención para la eliminación de toda forma de discriminación contra las mujeres de 1979 (***), ambos instrumentos ratificados por nuestro país. Cabe señalar que el delito de trata se configura cuando las acciones descriptas más arriba persiguen fines de explotación y está en juego la libertad de autodeterminación.
La explotación de la prostitución ajena genera el mayor número de víctimas de trata en Argentina –entre 85 y 90%- el resto es por explotación laboral, adopciones ilegales y comercio de órganos.
La –situación de- prostitución es legal en nuestro país, de ahí que la persecución de las personas prostituídas –más allá de su sexo y género-, establecida por algunos códigos contravencionales provinciales que persisten, contraviene leyes vigentes. Nuestras leyes sí condenan tanto al proxenetismo -Art. 126 del CP “promoción o facilitación de la prostitución ajena”-, como al rufianismo -Art. 127 del CP “explotación de la prostitución ajena”-.
La Ley 26.842/12 modifica a la ley 26.364 en varios aspectos reclamados por las organizaciones de DDHH: elimina los medios comisivos y reafirma la responsabilidad de autores, partícipes, cooperadores o instigadores aun ante un supuesto consentimiento de las víctimas de trata y explotación de personas. También impulsa además de una política pública de promoción social y defensa integral de las víctimas para la restitución de sus derechos, actividades para la concientización social y la capacitación.
Es sabido que las leyes son tan necesarias como insuficientes si la sociedad elude su responsabilidad, por lo que un cambio cultural es imprescindible aunque requiera mucho tiempo y esfuerzo.
Si varios estudios demuestran la oferta permanente de niñas y niños en los prostíbulos de Argentina (por ej. UNICEF, 2001) razón por la que en 2005 el Consejo de niñas, niños y adolescentes de CABA desarrolló un Programa de atención –discontinuado- serán necesarias actividades de concientización hacia quienes prostituyen.
Si transcurrieron décadas -desde 1937- sin condenas de tratantes, proxenetas y rufianes, situación que sólo comenzó a revertirse recientemente y en cambio abundaban las condenas a personas prostituídas, será necesario apoyar los esfuerzos, por ejemplo de la Corte Suprema de Justicia por capacitar a integrantes del Poder Judicial. Sobre todo para que pueda reconocerse lo determinante que puede ser para una persona vivir en estado de vulnerabilidad social de generación en generación.
Tareas que la APDH continuará promoviendo y llevando a cabo para la protección de los DDHH de las personas afectadas y del resto de la comunidad.
Lic. Leonor E. G. Núñez
(*) Protocolo complementario de la Convención de las NNUU contra la delincuencia organizada transnacional del 2000, ratificado por Argentina en 2002.
(**) Cuyo Preámbulo afirma: “Considerando que la prostitución y el mal que la acompaña, la trata de personas para fines de prostitución, son incompatibles con la dignidad y el valor de la persona humana y ponen en peligro el bienestar del individuo, de la familia y de la comunidad”.
(***)Artículo 6. Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas, incluso de carácter legislativo, para suprimir todas las formas de trata de mujeres y explotación de la prostitución de la mujer.
VIH/SIDA: Integración=Prevención vs. Discriminación=Daños – Actualizado -
Artículo incluído en la 2ª. Edición de: “DISCRIMINACIÓN: Un abordaje didáctico desde los derechos humanos”. Elaborado y editado por la Comisión de Educación de la A.P.D.H. Asamblea Permanente por los Derechos Humanos con el auspicio del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 2005.
La historia sociocultural del VIH/SIDA registra una singular y siniestra paradoja. Por una parte se trata de una pandemia caracterizada por el mayor avance en conocimientos (biomédicos, psicosociales, culturales y económicos) en situaciones de epidemias jamás registrados en la historia humana. Al mismo tiempo, dichos conocimientos han sido y son condicionados y distorsionados en sus efectos benéficos por prácticas, modos de intercambio y discursos utilitarios, discriminatorios, mistificadores, represivos y en todo caso favorecedores de la expansión de la pandemia.
La construcción, de prejuicios discriminatorios y mitos de riesgo de infección, miedo y discriminación se originaron, a mi entender, en las primeras noticias erróneas difundidas en la década de los 80', por funcionarios de salud de los Estados Unidos. Impacta que los efectos señalados aún persistan. Es que como en toda epidemia, pero particularmente en las que incluyen la transmisión sexual, tan necesaria es la información como su análisis crítico. Las creencias y los estilos de poder que se ejercen en las relaciones sexuales, resultan determinantes a la hora de establecer hábitos para la preservación de la salud, la vida y el placer.
Así, para que la información coadyuve a la inteligencia de la problemática, a la prevención y a la asistencia eficaces, debe reunir ciertas características: ser realista, fundamentada, documentada, comprobable y contenedora. Lejos estuvo, la información circulante por aquellos años, de reunir éstos requisitos básicos.
Ya comenzada la 3ª. década de la epidemia aún sufrimos las consecuencias de los primeros anuncios, nacidos de: la perplejidad, el miedo pánico frente a una enfermedad emergente, los prejuicios sobre la sexualidad humana y (en aquel entonces) la ignorancia del equipo de salud, tanto sobre el agente causal como por consiguiente, sobre las medidas más adecuadas para la prevención y la asistencia de VIH/SIDA.
En aquel entonces se carecía de tratamientos eficaces.
Contra lo que esperábamos, en todo éste tiempo, los prejuicios contra las personas que viven con VIH/SIDA además de persistir se han sofisticado y los mitos de riesgo en relación al VIH se han diversificado.
Esta situación ha motivado a ONUSIDA (Programas contra el VIH/SIDA de las agencias de Naciones Unidas) a centrar a las últimas campañas mundiales tanto en el estigma, la discriminación y los derechos humanos, como en la concientización del incremento del riesgo de infección en mujeres. A los objetivos de "prevenir, reducir y, en última instancia, eliminar el estigma y la discriminación relacionados con el VIH/SIDA, dondequiera que se produzcan y en todas sus formas" se agrega la necesidad de trabajar por la equidad entre ambos sexos.
La persistencia de la discriminación contra las personas que viven con VIH/SIDA o sus familiares, particularmente en ámbitos laborales y educativos resulta una injusticia y una equivocación inadmisible.
Aquellas primeras comunicaciones suponían erróneamente que el origen de la epidemia de VIH se debería a expresiones de la sexualidad humana que se diferencian de la predominante heterosexualidad. Al respecto se desplegaron, sin pudor alguno, floridos argumentos antidemocráticos e irracionales atribuyendo a la heterosexualidad una delirante "inmunidad moral" (sic) frente al VIH.
Eran habituales las referencias a una supuesta peste rosa o cáncer gay tanto en escritos de los equipos de salud como en los medios masivos de comunicación social, cuando aún se desconocía al agente causal y sus vías de transmisión . Al mismo tiempo los casos de mujeres y niñ@s infectad@s prácticamente se silenciaban. Aún hoy puede comprobarse, hasta en ciertos textos universitarios, la referencia errónea y repetida hasta el hartazgo, a un supuesto comienzo de la epidemia en "hombres blancos homosexuales" (sic). Este error sólo resultaría patético si no continuara produciendo diversos tipos de daños.
Toda la población fue y es confundida. La discriminación como estrategia de trato de inferioridad, de exclusión de oportunidades iguales, de descalificación moral, en relación a la epidemia de VIH/SIDA ha tenido resultados catastróficos. En la comunidad heterosexual se generó la ilusión de invulnerabilidad. En tanto en la comunidad homosexual que también fue y es culpabilizada; se llegó a creer que se trataba de un "virus ideológico", es decir, un rumor con meros fines intimidatorios que carecería de riesgo de infección. Así, muchas personas comenzaron a establecer medidas de autocuidado recién cuando tuvieron referencia de enfermos de su inmediato conocimiento. Pero como la epidemia de VIH/SIDA es una realidad biológica-social concreta, puede producirse por: 1) la transmisión sexual (por ausencia de protección) y más allá del sexo de las personas involucradas. 2) por transmisión sanguínea (transfusiones de sangre infectada e intercambio de elementos punzo-cortantes.
3) por transmisión de la mujer que vive con VIH y a su hij@ durante el embarazo, el parto (cuando no se ha tratado y programado para prevenir la infección por VIH) o el amamantamiento.
Así, se produjo un sostenido aumento de casos de SIDA en mujeres seguido de un inusitado número de casos en niñ@s. Es decir, tanto la discriminación contra sexualidades diferentes a la predominante heterosexualidad; como la discriminación contra las personas que viven con VIH/SIDA (PVVS) o contra las mujeres (violencia física y/o simbólica o violación de sus derechos sexuales/reproductivos ) generaron y generan condiciones favorables para la expansión de las epidemias de VIH/SIDA.
Muchos integrantes de equipos de salud llegaron a incumplir la instrumentación "universal y permanente" de las medidas de bioseguridad, cuando atendían a personas que sus prejuicios consideraban exentas de riesgos, bajo el pretexto de "tener buen ojo clínico". En cambio, son innumerables los casos de negativa a la atención médica, odontológica y psicológica a PVVS. Fue necesaria una permanente acción comunitaria en defensa de los derechos de las PVVS para revertir ésta situación. Tal situación en muchos casos tambien afectó (paradójicamente) a integrantes de equipos de salud. Es que, quien más discrimina menos se protege.
Asimismo, florecieron mitos de riesgo en relación al origen del virus, a la conducta de las personas que viven con el virus, a curas mágicas y a la supuesta inevitabilidad tanto de la enfermedad SIDA como de los efectos indeseables de los medicamentos antivirales.
Un ejemplo del surgimiento de curiosas creencias erróneas lo comprobé en una gran extensión de nuestro país: que la epidemia habría comenzado en 1995, año del fallecimiento de un actor estadounidense. Lamentablemente su coraje de enfrentar el riesgo de la descalificación social, en lugar de suscitar el reconocimiento social para muchos sólo representó la confirmación de sus prejuicios.
Por entonces, creo que tantos prejuicios discriminatorios lograron que, la primera Campaña del Ministerio de Salud (1987 a 1989) -la única que recibiera el Premio Pléyade por su perfil integrador, en defensa de los derechos humanos de todos- pasara injustamente al olvido. En relación a los conocimientos actuales sobre el origen de la epidemia de VIH, el Dr. Manuel Gómez Carrillo del Centro Nacional de Referencia para el SIDA de Argentina refiere: “ de acuerdo a evidencias científicas concretas, el VIH tiene origen en virus similares que infectan diversas especies simianas (chimpancés, macacos.etc.). La infección de personas con virus de los simios es un evento que ha sido demostrado en Africa Central a partir de la caza de estas especies con fines alimenticios. Según estudios realizados en la década del 90 se pudo establecer que ocurrieron varios eventos de infección en humanos entre 1920 y 1940 que llevaron a la adaptación del virus a la especie humana dando origen al VIH que conocemos actualmente”.
La epidemia de VIH/SIDA comenzó a fines de la década de los 70' en Africa y Estados Unidos,
en registros históricos han quedado demostrados casos aislados en hombres y en mujeres desde fines de la década de los 50' en el hemisferio norte y en Africa. En nuestro país el primer caso en un hombre se diagnósticó en 1982 y en una mujer en 1987. En aquel entonces la relación hombre-mujer era de 91, hoy se redujo a 2.9.
La mayoría de las mujeres infectadas se reconocen heterosexuales y no consumen drogas por vía endovenosa. He constatado que en algunos casos se discrimina a las mujeres que viven con VIH/SIDA cuando se les deniega el derecho a procrear, aunque las nuevas estrategias de prevención del VIH en el embarazo y el parto son muy eficaces. Parecería que ésta circunstancia configura un límite para quienes militan contra el aborto y aún en casos humanitarios (violación o anencefalia) . El VIH sí les suele parecer una causal suficiente para abortar. Si bien sabemos que internacionalmente se acepta que los derechos individuales pueden limitarse por razones de salud pública (OPS), en relación a la epidemia de VIH/SIDA todas las limitaciones han resultado contraproducentes. En epidemias anteriores, la característica principal del control tradicional de las enfermedades de transmisión sexual fueron la aplicación de prohibiciones y sanciones (OPS). La problemática del VIH/SIDA obligó a establecer innovadoras estrategias, creo que la más importante es el aporte de las mismas PVVS a las estrategias preventivas y asistenciales, además del compromiso comunitario de los equipos de salud y educación.
Pensemos que ésta epidemia irrumpió en pleno auge de la antibioticoterapia y otras tecnologías biomédicas, cuando se suponía posible el control inmediato de cualquier patología. Hubo que enfrentar varios malentendidos, como por ejemplo la demanda de realización de pruebas prematrimoniales, como si se tratara de una infección controlable por un tratamiento de corto plazo. En realidad, se trata de una infección crónica que puede ser tratada de por vida. Razón por la cual las pruebas prematrimoniales eran sólo eficaces instrumentos de discriminación pero, inútiles para la prevención. Sí, resulta imprescindible la consulta médica infectológica. En cuanto a la responsabilidad de las PVVS en la transmisión sexual es necesario reconocer que la responsabilidad es común a todas las personas. Establecer un grado de responsabilidad mayor por el hecho de vivir con VIH/SIDA oculta una forma refinada de discriminación, el problema del VIH/SIDA es de toda la especie humana y todas las personas deberán asumir su propia responsabilidad. Una de las estrategias que logramos superar fue la denominada “investigación de contactos”, por sus efectos represivos y persecutorios. Los beneficios de su reemplazo por la metodología del Asesoramiento preventivo y asistencial han resultado comprobables tanto en: el autocuidado, como en el compromiso de las personas que viven con VIH/SIDA para con el tratamiento médico, como en el cuidado hacia sus parejas sexuales y en el fortalecimiento de su red social.
Por último, es necesario tener presentes las dos acepciones del verbo discriminar. En primer lugar: distinguir, discernir, apreciar dos cosas como distintas o como desiguales. Es decir, es una operación intelectiva indispensable para la comprensión y el conocimiento. En cambio, la 2da. acepción se refiere a una acción en relación a otros: dar trato de inferioridad a una persona o a una colectividad por motivos religiosos, raciales, políticos, etc. Resulta de fundamental importancia evitar la confusión entre una y otra acepción. Son otras las epidemias que requieren el aislamiento de las personas para su propia protección y la del resto de la población. Muy por el contrario, la epidemia de VIH/SIDA podrá ser enfrentada con eficacia si y sólo si es posible lograr la integración de las PVVS, con cuyo aporte hemos podido defender los derechos de todos y aprender a enfrentar las epidemias a escala humana.*
Lic. Leonor Nuñez - Psicóloga. Asesora sobre VIH/SIDA en D.O.S.U.B.A. e integrante del Consejo de Presidencia y las Comisiones de Salud y de La Mujer y sus Derechos de la APDH y Acción Solidaria En Salud. Junio 2005.
Artículo incluído en la 2ª. Edición de: “DISCRIMINACIÓN: Un abordaje didáctico desde los derechos humanos”. Elaborado y editado por la Comisión de Educación de la A.P.D.H. Asamblea Permanente por los Derechos Humanos con el auspicio del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 2005.
La historia sociocultural del VIH/SIDA registra una singular y siniestra paradoja. Por una parte se trata de una pandemia caracterizada por el mayor avance en conocimientos (biomédicos, psicosociales, culturales y económicos) en situaciones de epidemias jamás registrados en la historia humana. Al mismo tiempo, dichos conocimientos han sido y son condicionados y distorsionados en sus efectos benéficos por prácticas, modos de intercambio y discursos utilitarios, discriminatorios, mistificadores, represivos y en todo caso favorecedores de la expansión de la pandemia.
La construcción, de prejuicios discriminatorios y mitos de riesgo de infección, miedo y discriminación se originaron, a mi entender, en las primeras noticias erróneas difundidas en la década de los 80', por funcionarios de salud de los Estados Unidos. Impacta que los efectos señalados aún persistan. Es que como en toda epidemia, pero particularmente en las que incluyen la transmisión sexual, tan necesaria es la información como su análisis crítico. Las creencias y los estilos de poder que se ejercen en las relaciones sexuales, resultan determinantes a la hora de establecer hábitos para la preservación de la salud, la vida y el placer.
Así, para que la información coadyuve a la inteligencia de la problemática, a la prevención y a la asistencia eficaces, debe reunir ciertas características: ser realista, fundamentada, documentada, comprobable y contenedora. Lejos estuvo, la información circulante por aquellos años, de reunir éstos requisitos básicos.
Ya comenzada la 3ª. década de la epidemia aún sufrimos las consecuencias de los primeros anuncios, nacidos de: la perplejidad, el miedo pánico frente a una enfermedad emergente, los prejuicios sobre la sexualidad humana y (en aquel entonces) la ignorancia del equipo de salud, tanto sobre el agente causal como por consiguiente, sobre las medidas más adecuadas para la prevención y la asistencia de VIH/SIDA.
En aquel entonces se carecía de tratamientos eficaces.
Contra lo que esperábamos, en todo éste tiempo, los prejuicios contra las personas que viven con VIH/SIDA además de persistir se han sofisticado y los mitos de riesgo en relación al VIH se han diversificado.
Esta situación ha motivado a ONUSIDA (Programas contra el VIH/SIDA de las agencias de Naciones Unidas) a centrar a las últimas campañas mundiales tanto en el estigma, la discriminación y los derechos humanos, como en la concientización del incremento del riesgo de infección en mujeres. A los objetivos de "prevenir, reducir y, en última instancia, eliminar el estigma y la discriminación relacionados con el VIH/SIDA, dondequiera que se produzcan y en todas sus formas" se agrega la necesidad de trabajar por la equidad entre ambos sexos.
La persistencia de la discriminación contra las personas que viven con VIH/SIDA o sus familiares, particularmente en ámbitos laborales y educativos resulta una injusticia y una equivocación inadmisible.
Aquellas primeras comunicaciones suponían erróneamente que el origen de la epidemia de VIH se debería a expresiones de la sexualidad humana que se diferencian de la predominante heterosexualidad. Al respecto se desplegaron, sin pudor alguno, floridos argumentos antidemocráticos e irracionales atribuyendo a la heterosexualidad una delirante "inmunidad moral" (sic) frente al VIH.
Eran habituales las referencias a una supuesta peste rosa o cáncer gay tanto en escritos de los equipos de salud como en los medios masivos de comunicación social, cuando aún se desconocía al agente causal y sus vías de transmisión . Al mismo tiempo los casos de mujeres y niñ@s infectad@s prácticamente se silenciaban. Aún hoy puede comprobarse, hasta en ciertos textos universitarios, la referencia errónea y repetida hasta el hartazgo, a un supuesto comienzo de la epidemia en "hombres blancos homosexuales" (sic). Este error sólo resultaría patético si no continuara produciendo diversos tipos de daños.
Toda la población fue y es confundida. La discriminación como estrategia de trato de inferioridad, de exclusión de oportunidades iguales, de descalificación moral, en relación a la epidemia de VIH/SIDA ha tenido resultados catastróficos. En la comunidad heterosexual se generó la ilusión de invulnerabilidad. En tanto en la comunidad homosexual que también fue y es culpabilizada; se llegó a creer que se trataba de un "virus ideológico", es decir, un rumor con meros fines intimidatorios que carecería de riesgo de infección. Así, muchas personas comenzaron a establecer medidas de autocuidado recién cuando tuvieron referencia de enfermos de su inmediato conocimiento. Pero como la epidemia de VIH/SIDA es una realidad biológica-social concreta, puede producirse por: 1) la transmisión sexual (por ausencia de protección) y más allá del sexo de las personas involucradas. 2) por transmisión sanguínea (transfusiones de sangre infectada e intercambio de elementos punzo-cortantes.
3) por transmisión de la mujer que vive con VIH y a su hij@ durante el embarazo, el parto (cuando no se ha tratado y programado para prevenir la infección por VIH) o el amamantamiento.
Así, se produjo un sostenido aumento de casos de SIDA en mujeres seguido de un inusitado número de casos en niñ@s. Es decir, tanto la discriminación contra sexualidades diferentes a la predominante heterosexualidad; como la discriminación contra las personas que viven con VIH/SIDA (PVVS) o contra las mujeres (violencia física y/o simbólica o violación de sus derechos sexuales/reproductivos ) generaron y generan condiciones favorables para la expansión de las epidemias de VIH/SIDA.
Muchos integrantes de equipos de salud llegaron a incumplir la instrumentación "universal y permanente" de las medidas de bioseguridad, cuando atendían a personas que sus prejuicios consideraban exentas de riesgos, bajo el pretexto de "tener buen ojo clínico". En cambio, son innumerables los casos de negativa a la atención médica, odontológica y psicológica a PVVS. Fue necesaria una permanente acción comunitaria en defensa de los derechos de las PVVS para revertir ésta situación. Tal situación en muchos casos tambien afectó (paradójicamente) a integrantes de equipos de salud. Es que, quien más discrimina menos se protege.
Asimismo, florecieron mitos de riesgo en relación al origen del virus, a la conducta de las personas que viven con el virus, a curas mágicas y a la supuesta inevitabilidad tanto de la enfermedad SIDA como de los efectos indeseables de los medicamentos antivirales.
Un ejemplo del surgimiento de curiosas creencias erróneas lo comprobé en una gran extensión de nuestro país: que la epidemia habría comenzado en 1995, año del fallecimiento de un actor estadounidense. Lamentablemente su coraje de enfrentar el riesgo de la descalificación social, en lugar de suscitar el reconocimiento social para muchos sólo representó la confirmación de sus prejuicios.
Por entonces, creo que tantos prejuicios discriminatorios lograron que, la primera Campaña del Ministerio de Salud (1987 a 1989) -la única que recibiera el Premio Pléyade por su perfil integrador, en defensa de los derechos humanos de todos- pasara injustamente al olvido. En relación a los conocimientos actuales sobre el origen de la epidemia de VIH, el Dr. Manuel Gómez Carrillo del Centro Nacional de Referencia para el SIDA de Argentina refiere: “ de acuerdo a evidencias científicas concretas, el VIH tiene origen en virus similares que infectan diversas especies simianas (chimpancés, macacos.etc.). La infección de personas con virus de los simios es un evento que ha sido demostrado en Africa Central a partir de la caza de estas especies con fines alimenticios. Según estudios realizados en la década del 90 se pudo establecer que ocurrieron varios eventos de infección en humanos entre 1920 y 1940 que llevaron a la adaptación del virus a la especie humana dando origen al VIH que conocemos actualmente”.
La epidemia de VIH/SIDA comenzó a fines de la década de los 70' en Africa y Estados Unidos,
en registros históricos han quedado demostrados casos aislados en hombres y en mujeres desde fines de la década de los 50' en el hemisferio norte y en Africa. En nuestro país el primer caso en un hombre se diagnósticó en 1982 y en una mujer en 1987. En aquel entonces la relación hombre-mujer era de 91, hoy se redujo a 2.9.
La mayoría de las mujeres infectadas se reconocen heterosexuales y no consumen drogas por vía endovenosa. He constatado que en algunos casos se discrimina a las mujeres que viven con VIH/SIDA cuando se les deniega el derecho a procrear, aunque las nuevas estrategias de prevención del VIH en el embarazo y el parto son muy eficaces. Parecería que ésta circunstancia configura un límite para quienes militan contra el aborto y aún en casos humanitarios (violación o anencefalia) . El VIH sí les suele parecer una causal suficiente para abortar. Si bien sabemos que internacionalmente se acepta que los derechos individuales pueden limitarse por razones de salud pública (OPS), en relación a la epidemia de VIH/SIDA todas las limitaciones han resultado contraproducentes. En epidemias anteriores, la característica principal del control tradicional de las enfermedades de transmisión sexual fueron la aplicación de prohibiciones y sanciones (OPS). La problemática del VIH/SIDA obligó a establecer innovadoras estrategias, creo que la más importante es el aporte de las mismas PVVS a las estrategias preventivas y asistenciales, además del compromiso comunitario de los equipos de salud y educación.
Pensemos que ésta epidemia irrumpió en pleno auge de la antibioticoterapia y otras tecnologías biomédicas, cuando se suponía posible el control inmediato de cualquier patología. Hubo que enfrentar varios malentendidos, como por ejemplo la demanda de realización de pruebas prematrimoniales, como si se tratara de una infección controlable por un tratamiento de corto plazo. En realidad, se trata de una infección crónica que puede ser tratada de por vida. Razón por la cual las pruebas prematrimoniales eran sólo eficaces instrumentos de discriminación pero, inútiles para la prevención. Sí, resulta imprescindible la consulta médica infectológica. En cuanto a la responsabilidad de las PVVS en la transmisión sexual es necesario reconocer que la responsabilidad es común a todas las personas. Establecer un grado de responsabilidad mayor por el hecho de vivir con VIH/SIDA oculta una forma refinada de discriminación, el problema del VIH/SIDA es de toda la especie humana y todas las personas deberán asumir su propia responsabilidad. Una de las estrategias que logramos superar fue la denominada “investigación de contactos”, por sus efectos represivos y persecutorios. Los beneficios de su reemplazo por la metodología del Asesoramiento preventivo y asistencial han resultado comprobables tanto en: el autocuidado, como en el compromiso de las personas que viven con VIH/SIDA para con el tratamiento médico, como en el cuidado hacia sus parejas sexuales y en el fortalecimiento de su red social.
Por último, es necesario tener presentes las dos acepciones del verbo discriminar. En primer lugar: distinguir, discernir, apreciar dos cosas como distintas o como desiguales. Es decir, es una operación intelectiva indispensable para la comprensión y el conocimiento. En cambio, la 2da. acepción se refiere a una acción en relación a otros: dar trato de inferioridad a una persona o a una colectividad por motivos religiosos, raciales, políticos, etc. Resulta de fundamental importancia evitar la confusión entre una y otra acepción. Son otras las epidemias que requieren el aislamiento de las personas para su propia protección y la del resto de la población. Muy por el contrario, la epidemia de VIH/SIDA podrá ser enfrentada con eficacia si y sólo si es posible lograr la integración de las PVVS, con cuyo aporte hemos podido defender los derechos de todos y aprender a enfrentar las epidemias a escala humana.*
Lic. Leonor Nuñez - Psicóloga. Asesora sobre VIH/SIDA en D.O.S.U.B.A. e integrante del Consejo de Presidencia y las Comisiones de Salud y de La Mujer y sus Derechos de la APDH y Acción Solidaria En Salud. Junio 2005.
"Salud, trabajo y prostitución". Ponencia presentada en el Foro Internacional de Mujeres Contra la Corrupción “Los derechos de las mujeres y la corrupción” Del 31-10 al 2-11-2002
Centro Cultural San Martín - Bs. As. – Argentina
Tema: Derechos sexuales de las mujeres
Autora: Leonor E. G. Núñez- Psicóloga-U.B.A.
Introducción:
“Lo concreto es la síntesis de múltiples determinaciones”. Karl Marx.
“La psicología y los psicoanalistas que se desentienden de la realidad histórica...trabajan sobre abstracciones”. León Rozitchner.
Desde el campo de la salud y el trabajo investigo la problemática social de la prostitución con metodologías cualitativas. Trabajo con datos obtenidos a partir de observaciones y testimonios de: niñas y niños involucrados en la actividad; mujeres y hombres en situación de prostitución y/o con funciones de encargados de grupos y/o locales, familiares, amig@s, conmpañer@s de estudio, sus parejas (hetero u homosexuales en situación de prostitución, incluídos matrimonios con hijos). También considero en primer lugar: la información aportada por integrantes de equipos de salud y educación (pediatras, psicólog@s -en particular investigadores-, trabajadores sociales, psiquiatras, especialistas en infecciones de transmisión sexual -dermatólogos, infectólogos e inmunólogos- personal de enfermería y docentes). En segundo lugar: activistas, operadores sociales, religios@s, legisladores, jueces y otros funcionarios públicos, telefonistas y recepcionistas de hoteles de alta calificación y eventualmente informantes clave. He utilizado las siguientes metodologías de abordaje: entrevistas individuales de asesoramiento o de psicoterapia, grupos focalizados y/o de reflexión, talleres de capacitación para la prevención y atención de consultas telefónicas. Con la amplia diversidad de fuentes intento corresponder, a la alta complejidad de la problemática social de la prostitución y al directamente proporcional nivel de prejuicios y perjuicios que afectan a las personas involucradas.
Muchos años he dejado decantar los datos reunidos (notas de campo propias, recortes periodísticos, ensayos, investigaciones de otr@s autores y obras literarias). Sin embargo, aun persisten con gran nitidez el recuerdo de dos escenas que, más tarde, me estimularon a sistematizar las observaciones , los registros y la elaboración de hipótesis de trabajo sobre una amplia constelación de aspectos que condicionan y/o determinan las distintas modalidades de la prostitución.
En aquel entonces no existían, como en el presente: tan particulares condiciones geoeconómico-políticas. Como la denominada “globalización de la hegemonía de mercado”, determinante por ejemplo, de la facilitación (por ciertos desarrollos tecnológicos y por la inclusión estructural de la prostitución en las industrias del espectáculo y el turismo) de la promoción, el reclutamiento y la trata de personas para la prostitución. Tampoco existía, el consenso social de su naturalización, como si fuera un trabajo y un sector comercial más (excelentes dispositivos encubridores y justificadores de los efectos dañinos de la prostitución).
Menos aun, su actual e inusitado incremento, su omnipresencia mediática; y el cada día más frecuente y atroz involucramiento de la niñez (1).
Las situaciones a las que haré referencia (2), ocurrieron en los comienzos de la década del 60’. En relación a la época quiero recordar en primer lugar, que si bien en los equipos de salud podían existir sólidos basamentos éticos, los desarrollos del marco ideológico-teórico-técnico de los derechos humanos específicos, sólo eran incipientes.
En segundo lugar, personalmente no tenía en aquel entonces, un particular interés en abordar la problemática de la prostitución.
Sin embargo, para mi sorpresa, ésta problemática social irrumpió con toda su complejidad mientras trabajaba en educación para la salud, tanto en programas de materno-infancia como de lucha antirrábica[LN1] .
Primera escena: Corría el año 1961. Un pediatra, una enfermera, una estudiante de sociología y otra de medicina (opté por psicología varios años después) inaugurábamos en San Martín, Pvcia. de Buenos Aires el Centro de Salud Infantil N° 5 en el Htal. Diego Thompson. Eran muy frecuentes los casos de niñ@s afectad@s por desnutrición, distrofia y tuberculosis. Nuestro objetivo era la detección y el monitoreo del cuidado de la salud de 100 niñ@s desde el nacimiento hasta el año de edad. Se proveía gratuitamente vacunas, medicamentos y, de ser necesaria, la leche adecuada a cada lactante. Una tarde recorría una villa –sin red cloacal y con agua de pozo- de emergencia, como se denominaban entonces, en medio del barro poceado. Visitaba una de las casillas de cartón, chapas, madera y tela. El mobiliario consistía en una cama de una plaza, mesita, ropero de un cuerpo y dos sillas. Me recibe una niña de unos 8 años: “Mamá no está”, dice. “Trabaja?”, le pregunto. “Sí, recibe hombres, pero hoy no”.
Segunda escena: Año 1964. Escuela primaria de Isla Maciel, Avellaneda:
alumn@s y docentes participan en una actividad para la prevención de la rabia humana y animal. Pregunto si alguien ha sido mordid@ alguna vez por un perro. Un niño afirma que conocen a una compañera que fue mordida por un perro pero, ya no asiste a clase “porque ahora anda con la pollerita corta”. A su risa, que tuvo el eco de sus compañeras y compañeros, siguieron algunos detalles más.
Una década después, pude comprobar una de las formas de corrupción más organizada y afianzada en nuestro medio: la confianza vecinal generada por nuestro trabajo comunitario de prevención de la rabia, derivó por entonces, en un inesperado e insólito descubrimiento. Vecinos de Isla Maciel nos demandaron ayuda para enfrentar la proliferación de prostíbulos, los que contaban con manifiesta protección policial.
No obstante, pese a nuestras gestiones solidarias para con los vecinos, lo único que logramos fue entender que; justamente la cadena de interesados apoyos policiales a dichos prostíbulos llegaban, por lo menos, hasta las más altas autoridades del gobierno de la Provincia de Buenos Aires de entonces.
En ésta primera impronta es notable cómo ya podía leerse el anudamiento de aspectos sólo aparentemente inconexos: además de la salud, el trabajo y la prostitución, los estereotipos de los géneros mujer y varón, la vulnerabilidad de las niñas y la corrupción de algunos funcionarios públicos, entre otros.
A la distancia creo que aquella niña y aquel niño, sin saberlo, me estimularon a asumir un compromiso solidario para con las personas directamente o indirectamente prostituídas, y a construir un modelo de investigación-acción que articulara la asistencia, la prevención y la acción comunitaria.
Pero fue recién en 1989, cuando tuve la oportunidad de comenzar a plantear la problemática social de la prostitución como parte de una curricula de capacitación. Así, la incluí en los contenidos de los Seminarios-Taller de capacitación sobre VIH/SIDA para equipos de salud y educación que diseñé, coordiné y dicté en colaboración con otr@s profesionales desde la Facultad de Psicología de la UBA y el Primer Programa Nacional sobre VIH/SIDA del Ministerio de Salud de la Nación (3).
Quiero señalar que si bien, el evitar ceñirme a posibles imposiciones de agencias financiadoras generó por un lado el gran obstáculo de la escasez de recursos materiales, creo que por otro me posibilitó sostener la imprescindible autonomía de criterio que, a mi juicio, ésta temática requiere.
En ésta presentación intentaré desplegar y discutir diversas argumentaciones contemporáneas que coadyuvan, por ingenuidad o interés, a naturalizar a la salud como mercancía, al trabajo como un privilegio de pocos o término legitimador de actividades perjudiciales para las personas y para la sociedad, y a la prostitución como si fuera una actividad socialmente valiosa, individualmente saludable, políticamente correcta y económicamente imprescindible.
Postularé que:
1) la persistencia en éste statu quo necesariamente conlleva a la desmentida de los derechos sexuales de todas las mujeres.
2) se deben defender la salud y el trabajo en sentido estricto y prevenir la prostitución y la trata de personas, tanto como su promoción y el reclutamiento.
Tergiversación de argumentos y de fines
En los últimos años en relación a la salud, al trabajo y a la prostitución se vienen desplegando argumentos que muestran cada vez un mayor refinamiento encubridor de tergiversaciones de sentidos y de hechos. No obstante, es posible demostrar que tales deformaciones de situaciones y tramas argumentales, transitan permanentemente por la ingenuidad, la demagogia o la coacción utilitaria.
Si bien los peligros de llevarse por delante a las palabras vienen siendo señalados desde tiempos remotos, en relación a la problemática social de la prostitución en ciertos ámbitos, aun académicos se observa con frecuencia una tendencia a la trivialización y tergiversación. Creo reconocer en ésta actitud, a una de las consecuencias del miedo pánico a asumir posiciones que podrían ser consideradas políticamente incorrectas, desde sectores supuestamente progresistas o desde lo instituído por las agencias de financiación.
Es curioso, pero ésto ocurre justamente cuando la suerte del que podría ser denominado “experimento macro” (y marco de la posición que creo necesario revisar), el llamado “pensamiento único”, está echada. “Pensamiento único” que fuera caracterizado por I. Ramonet en Le Monde diplomatique de enero de 1995 como: “El único autorizado por una invisible y omnipresente policía de opinión”’iió. Si bien, en el momento de su auge toda crítica al modelo económico de hegemonía de mercado, era descalificada hasta con crueldad, por éstos días, ya comienza a anunciarse su final.
Intento estimular el debate. Pero un debate que revalorice la reflexión crítica al punto de lograr deconstruir antiguos prejuicios y nuevas naturalizaciones.
Con ésta ola de dar por aceptado lo que es, primero se tiende a “ceder en las palabras”; y después, como decía S. Freud, “ya se sabe”...
Durante el régimen nazi se llegó al paroxismo de la estrategia que en la década del 70´ P. Bourdieu y J. Passeron (4) designaron como “violencia simbólica”: la capacidad de imponer, los significados como algo legítimo. Es decir, poder hacer que la validez de significados mediante signos fuera tan efectiva para que otra gente se identifique con ellos. Como recuerda H. Arendt (5): Esta actitud “objetiva” -hablando sobre campos de concentración en términos de “administración” y sobre campos de exterminio en términos de “economía”- era típica de la mentalidad de las SS. Pero el premio a la “objetividad”, siguiendo a H. Arendt, lo merecería el abogado Servatius, defensor de A. Eichmann, quien llega a afirmar que “matar también era un asunto médico”.
Este fenómeno de trastocar el sentido de las palabras -y más allá del inevitable malentendido que siempre supone el lenguaje- es tan actual que el domingo pasado (27-10-02) Santiago Kovadloff (6), reiteraba la afirmación que hiciera Karl Krauss: “La decadencia de los pueblos suele iniciarse con el envilecimiento de las palabras, con el abandono del interés por lo que implican como signos de aptitud para la convivencia, la recíproca credibilidad y la preservación de los matices que hacen posible el pensamiento”.
La globalización del sometimiento
Algunas organizaciones internacionales obligan a ciertos países, incluído el nuestro a girar sin solución de continuidad en un círculo vicioso. Por una parte exigen que los gobiernos reduzcan el tendenciosamente denominado “gasto social”, cuando muy por el contrario se trata de una inversión social. Así, los gobiernos adictos terminan desresponsabilizándose de su obligación de implementar políticas públicas que faciliten a toda la población la satisfacción, por lo menos, de sus necesidades básicas. Por otra parte, imponen tanto la venta de recursos materiales de patrimonio público, como la eliminación del apoyo a la educación pública, al desarrollo científico y técnico, y a la producción nacional. Este cuadro es completado por la exigencia de medidas de privilegio para con el sector empresarial y financiero (también adicto) y la conculcación de los derechos de l@s trabajadores.
Por éstos días recordemos algunos de los efectos, que son sufridos en nuestro país, por tan alevoso sometimiento: empobrecimiento y desocupación estructural, condiciones laborales precarias y en algunos casos esclavizantes, precarización y reducción del sistema de seguridad social con la consecuente exclusión social.
Podría bastar ésta somera descripción, pero como se sabe, siempre es necesario explicitar lo obvio. Con tal situación ha vuelto a poder comprobarse un hecho reiterado hasta el hartazgo en la historia de la humanidad. El empobrecimiento estructural es el determinante primordial de: la caída de la calidad y la esperanza de vida, del aumento de la morbimortalidad infantil, de la aparición y expansión de enfermedades, del padecimiento de condiciones y espacios históricos (7) de trabajo perjudiciales y tambien del incremento y diversificación de la problemática social de la prostitución.
El círculo vicioso al que me refería se cierra con dos elementos fundamentales. En primer lugar, las mismas organizaciones que imponen políticas empobrecedoras al mismo tiempo ofrecen préstamos para paliar los efectos de esas políticas. En 2do. lugar tambien imponen sus globalizadas concepciones generalmente dictadas por la OMC- Organización Mundial de Comercio-. En el caso de la consideración de la prostitución como un trabajo, el emblema “trabajo sexual” comenzó a incluirse en documentos de varias organizaciones internacionales, por ej. OMS-Organización Mundial de la Salud- sin mediar ninguna fundamentación. En su publicación The Sex Sector (8) la OIT sostiene, que los contenidos no son la posición oficial de esa organización. Sin embargo, allí se afirma que la existencia del llamado “comercio sexual” es un hecho justificado por el dinero que produce.
Salud
Estas circunstancias tambien tuvieron particulares consecuencias en el campo de la salud. En las últimas décadas, se produjo una inversión copernicana en los objetivos de muchos de los actores de la salud en general y en un todo de acuerdo con el rediseño impuesto por la globalizada economía hegemónica de mercado. Así los desarrollos obtenidos en el campo de los derechos humanos entre los 70’ y los 80’, se habrían reducido en gran medida a excelentes compendios argumentales, si no fuera por la novedosa capacidad de movilización comunitaria.
Se avanzó con expresiones tales como las de Alma Ata -con la más que incumplida promesa de “Salud para todos en el 2000”- en 1978 (9), el reconocimiento de “Los derechos de los pacientes” por la Declaración de Lisboa de la Asociación Médica Mundial en 1981. Reconocimiento aun muy limitado, pero por aquel entonces, igualmente representaba un cambio favorable hacia las personas enfermas y la Carta de Otawa en 1986 (10) entre otros instrumentos. No obstante, en la misma época, los extraordinarios avances biotecnológicos tuvieron alcances paradojales. En cuanto a técnicas diagnósticas y tratamientos de ciertas patologías graves se desarrollaron recursos de alta complejidad y efectividad. Lo negativo resultó la cada vez más restrictiva accesibilidad. El ejemplo más reciente son las limitaciones a la asistencia y tratamientos de enfermedades impuestas por el Decreto N° 486/02 de Emergencia Sanitaria Nacional.
Al mismo tiempo el compromiso de algunos profesionales integrantes del equipo de salud sufrió, en gran medida, un desplazamiento. Dejaron de interesarse en el desarrollo de sus capacidades para la optimización de la atención personalizada de los enfermos (a quienes se los rebautizó “usuarios”, rol más cercano al de consumidores) para ocuparse de: la operatoria burocrática de la planificación y el llamado, gerenciamiento de la salud, de las nuevas tecnologías y de las instituciones que responden a éste nuevo perfil. Existen estudios que, por ejemplo demuestran en la práctica médica, la pérdida de idoneidad clínica en el diagnóstico y tratamiento de las ITS (infecciones de transmisión sexual) más comunes y antiguas, a partir de la disponibilidad de antibióticos de amplio espectro.
También se producía la conversión de los servicios para la atención de las enfermedades en negocios redituables, la drástica disminución de los ingresos de los profesionales en relación de dependencia y un gran deterioro de sus condiciones de trabajo.
De ésta forma al día de hoy suponer que basta la enunciación del derecho a la salud para garantizarla, resulta en la mayoría de los casos una mera ilusión.
En éste contexto, los profesionales-funcionarios que se autodenominan comercializadores o gerenciadores de la salud, conforme actúen en ámbitos privados o públicos no dudan en imponer (con brillantes argumentos, eso sí): por una parte políticas institucionales o públicas con meros fines personales y/o corporativos (e importantes réditos financieros y/o políticos). Por ejemplo, en cuanto a los insumos colocan por sobre todo argumento en relación a la calidad, la norma del menor costo. La población empobrecida es así sometida a utilizar insumos de baja calidad o nada.
Meritaría un amplio debate la intervención de los profesionales del equipo de salud en los procesos encubridores de ciertas políticas públicas. Si éstas, por omisión y/o defecto, resultaran perjudiciales para la población, implicarían un acto de corrupción?. Particularmente cuando actúan como disciplinados operadores de instituciones internacionales y los despliegues discursivos, aunque falaces, son muy bien logrados demostrando descollantes recursos intelectuales.
Por parte de ést@s personajes sin duda, alcanza cierto pintoresquismo el intento de descalificación hacia quienes permanecemos exclusivamente, en la que denominan “trinchera” de la atención directa de las personas afectadas por enfermedades o problemáticas sociales perjudiciales.
A mi juicio la crisis de credibilidad y confianza que afecta a las comunidades en relación a los equipos de salud está estrechamente relacionada con la situación descripta. Un efecto de ésta crisis es la reivindicación de la experiencia traumática vivida como suficiente crédito para la intervención en acciones de asistencia y/o prevención de diferentes problemáticas sanitarias y/o sociales, por ejemplo: cáncer, VIH/SIDA, prostitución , uso de sustancias psicoactivas, etc. con expresa prescindencia de profesionales del equipo de salud. Un ejemplo palmario es el uso del mote utilizado desde el comienzo de la epidemia de VIH/SIDA por algunos activistas de organizaciones de derechos de los enfermos para referirise al equipo de salud: “mercenarios” (11). Creo que debería resultar un desafío histórico para quienes integramos equipos de salud y educación revertir tal situación.
Trabajo
En palabras de N. Chomsky, en el presente contexto macroeconómico “aumenta la circulación de capitales al tiempo que disminuye la de los derechos humanos”.
Después de la vida el acceso a la salud, el trabajo y la educación son los derechos, más vulnerados. Por añadidura, cuando tratamos sobre los derechos de personas concretas los derechos a la salud y al trabajo son prácticamente inseparables. No obstante, hoy por hoy el anudamiento reviste cierto patetismo.
Ya, ni siquiera puede afirmarse, como lo hiciera Franco Basaglia en la Italia de posguerra, que la salud esté asegurada por el solo hecho de tener trabajo. A las etapas del taylorismo, que descomponía el trabajo en pequeñas unidades standarizando los gestos más elementales y el fordismo que añadía la línea de montaje le sucedió el trabajo autónomo combinado con el ohnismo – o justo a tiempo-, por el avance de las nuevas tecnologías. Pero éste también fue un avance paradójico, porque al hacerse posible la globalización de los mercados de mercaderías, de servicios y de recursos financieros; y al crearse (para la estructura del sistema financiero mundial) una intrincada red de circulación de capitales, también se facilitó la legalización de dinero obtenido por actividades perjudiciales para la sociedad y se trivializó la importancia del trabajo humano.
En nuestro país como denunciara Sylvia Berman en el 95’ (12), la falacia de “presentar a la reforma de las leyes laborales como solución para el desempleo y el camino para la inserción competitiva del país en la economía mundial”, tuvo consenso político. Muy por el contrario, se trataba de aumentar la explotación de la mano de obra y de perfeccionar la tecnología de dominación sobre el trabajo. La política macroeconómica sería así la primera causa de desempleo y de la necesidad de recurrir a la denominada “flexibilización laboral” (recurso eufemístico).
Al respecto Lorenzo Cillario (13) plantea que “las tesis y argumentos de la automatización flexible son válidos sólo desde el punto de vista de los aspectos técnicos y organizativos de la producción, pero falsean lo que ocurre con el elemento humano”...”la dinámica del trabajo humano desaparece como si no tuviese ninguna importancia”.
Todo lo dicho con el corolario de menor ingreso y mayor pobreza.
Desde luego, existen diferentes niveles de análisis. Desde el siglo XVII por la obra de Ramazzini se viene reconociendo al trabajo en general, como factor patógeno en sí mismo. En nuestro país, desde la fundamental investigación de Juan Bialet Massé (14) en adelante, existen innumerables estudios sobre las enfermedades relacionadas con los diferentes puestos de trabajo, es decir, aun cuando sus condiciones no sean precarizadas.
La conceptualización del trabajo humano registra, en el devenir histórico, un particular dinamismo. En la actualidad encuentro una adecuada amplitud de criterio en la planteada desde la Cátedra (Ricardo Malfé) de Psicología del Trabajo de la UBA (15): “Toda actividad productora de valor o valores no sólo políticos, económicos, sociales, culturales o libidinales, valorados socialmente”.
En éste sentido, es posible constatar en algunos sectores la aceptación de la prostitución como si fuera una actividad productora de valores libidinales. Sin embargo, tal posición encuentra un límite a la hora de tener que demostrar que, la prostitución pudiera ser reconocida, asimismo, como un valor social concreto. Dos ejemplos son ilustrativos del pintoresquismo que puede desplegarse en el intento de tal demostración: las denominadas “prostitución sagrada” ( en la antigüedad) o la “prostitución patriótica” (Cuba actual).
Cuando se postula al trabajo como un organizador fundamental, tanto a nivel subjetivo como de la misma sociedad, consecuentemente se presenta la necesidad de establecer un punto de inflexión entre las actividades con un valor social comprobable e históricamente reconocido; y las actividades evidentemente dañinas. De éstas últimas a nivel individual y/o colectivo, son ejemplos paradigmáticos la prostitución, la trata de personas, la tortura o el tráfico de armas y drogas. Unas y otras se diferencian sin atenuantes no sólo por involucrar a la integridad física sino, por sus consecuencias políticas en cuanto al ejercicio de la ciudadanía y la inclusión social. Como destaca C. Desjours en “Trabajo y Desgaste Mental” (Humanitas-OPS, 1990) “lo esencial del trabajo es subjetivo”... “la producción como función social, económica y política entra en juego en el contenido significativo del trabajo con respecto al objeto”. En todas las historias laborales que he reunido en éstos años siempre pude comprobar que, tal como afirma Desjours, “nunca hay una neutralidad de los trabajadores con respecto a lo que producen”.
Por otra parte, considero que la utilización del emblema “trabajo sexual” para referirse a la situación de prostitución constituye un eufemismo (figura retórica) y merita algunas observaciones. En primer lugar, las ilusiones de progresismo de quienes utilizan tal emblema caen cuando recordamos que la “primera ola” de tal concepción (la prostitución como si fuera un trabajo) ya fue planteada por las y los moralistas medievales católicos, cuando la iglesia católica regulaba y recaudaba, por lo menos en España, la por entonces denominada mancebía (16).
En segundo lugar, al evitar nombrar a la prostitución se termina logrando invisibilizar sus efectos dañinos generándose, al mismo tiempo, las condiciones necesarias para su promoción y expansión.
En tercer lugar, acepto que para quienes ya se encuentran en situación de prostitución (o sus familiares) el eufemismo (17) de autodenominarse “trabajadores sexuales” en algún momento hasta puede constituir una válida estrategia defensiva: hay que tener presente que en situación de prostitución la vulnerabilidad de la integridad física y psíquica es la norma.
En cambio, cuando dicho eufemismo es utilizado por activistas, rufianes, funcionarios, legisladores, periodistas u otros actores sociales, cabe preguntarse si (por desconocimiento o interés) no termina resultando una estrategia, obviamente encubierta, de legitimación, de promoción y/o reclutamiento para la prostitución, y por extensión también para la trata de personas.
Sería por lo menos una ingenuidad olvidar que, ésta “nueva ola” de reivindicar a la prostitución como si fuera un trabajo más ocurre justamente en momentos en que, la desocupación es considerada estructural y los puestos de trabajo sufren una degradación inédita.
En éste desalentador contexto resulta auspicioso el significativo planteo del Director de la OIT en la 3ª. Conferencia Ministerial de la OMC 30-11 al 3-12-1999: “Un trabajo decente para todos en una economía globalizada”. Las características que debería reunir el denominado “trabajo decente”, actualmente tan promocionado, sería el trabajo que se realizara en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana. Para fomentar el trabajo decente la OIT considera cuatro objetivos 1) lograr el respeto universal de los principios y derechos fundamentales en el trabajo, 2) crear más oportunidades de empleo y de ingresos para mujeres y hombres, 3) ampliar la protección social y 4) promocionar el diálogo social. Aunque es obvio, resulta necesario señalar que tales principios resultan totalmente contrapuestos a las situaciones de prostitución. Entonces se puede considerar, por lo menos como una política institucional ambigüa, el hecho que la misma OIT publicara un año antes The Sex Sector.
Prostitución
Cómo, donde y cuándo comenzo LA “NUEVA OLA” DE la denominación de “trabajo sexual”.
K. Kempadoo (18) comentando la teorización de Thanh-Dam Truong de fines de los 80’ sobre el concepto de trabajo sexual, llega a afirmar: “El trabajo de Truong nos permite conceptualizar el intercambio de sexo por dinero como una actividad que involucra la venta de poder y energía de trabajo sexual, no el cuerpo de una persona, lo que permite comparar la prostitución con una forma de trabajo asalariado”.
Y por si cabría alguna duda, agrega más adelante:
“ (El “trabajo sexual”) Puede ser la base de movilización en luchas por condiciones de trabajo, derechos y beneficios y por formas de resistencia más amplias contra la opresión de las/los trabajadoras/es en general y de las mujeres en particular”.
Así como así, queda convertido entonces, en paradigma del trabajo humano. Claro que, ya se sabe, los únicos animales argumentadores somos los humanos y podemos armar argumentos para todo.
Pero en realidad, como dije antes, la consideración de la prostitución como si fuera un trabajo más viene de antiguo (reitero la referencia a predicadores y moralistas católicos medievales reglamentadores de la vida de las mujeres de entonces). Es sintomático que en los últimos años
haya resurgido de la mano de la globalizada economía de mercado. Es que como afirmaba León Rozitchner, en nota de Pag.12 el 1°de junio de 2001 “en la sociabilidad del capitalismo de mercado las relaciones son de compra venta”. La diferencia entre la antigua y la nueva ola estriba en que ya no se trata sólo de instaurar un etiquetamiento estigmatizante para el control de las mujeres, estén o no en situación de prostitución. El emblema de “trabajo sexual” opera como coartada frente a la desocupación estructural. Está claro que han conseguido articularse armoniosamente, aspectos de muy diversa índole. Desde supuestas necesidades privativas del sexo masculino hasta la desesperación de muchas mujeres por satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia. Por ésto propongo un cuestionamiento crítico, porque , a mi juicio, se trata de las políticas y de las éticas en juego.
Ya el economista Pierre Salama planteó en el 2000 la funcionalidad de la corrupción con el modelo económico de la hegemonía de mercado. Y la corrupción es intrínseca de la prostitución como institución, sobre todo si se reglamenta. Las lecturas de ingenua o interesada parcialidad saltean siempre las referencias sobre éstas afirmaciones, extensamente documentadas.
Por éstas razones desde 1998 (19) comencé a expresar públicamente la imprescindible necesidad de un sólido compromiso ético-político. La razón es, además de una posición ética, estratégica. En relación a la prostitución no se trata simplemente de operadores delictivos a secas. El manejo a pequeña o a gran escala estuvo y está en manos de organizaciones “mafiosas” (20) Es decir organizaciones delictivas que operan exclusivamente por connivencia con sectores políticos.
El cuestionamiento, a la consideración de la prostitución como un trabajo más, está dirigido no sólo a quienes sin estar implicad@s directamente en la prostitución sostienen que se trataría de un trabajo como cualquier otro. También me refiero, a quienes directamente promueven o gerencian el recientemente bautizado “sector sexual” (8). Curiosamente el límite de las argumentaciones de ambos grupos a veces se torna borroso.
En algunos casos llega a sostenerse:
1) que ésta actividad sería adecuada para garantizar el bienestar o la supervivencia de la familia de la mujer involucrada (21). Cuando en realidad los efectos dañinos de la prostitución los hemos comprobado hasta el hartazgo en cualquier lugar del planeta y no se reducen sólo a aspectos físicos o de la subjetividad profunda individual. Los daños también afectan a las configuraciones vinculares, a su estatus de ciudadanas y, particularmente, al entorno familiar.
El psiquiatra español Francisco Orengo refirió en el Simposio
Internacional sobre Prostitución y Tráfico de Mujeres con fines de
explotación sexual realizado en Madrid en el 2000, una serie de
estudios que coinciden en dar cuenta de los daños sufridos por
mujeres en situación de prostitución. Como ejemplo en un estudio
sobre 475 mujeres de 5 países, incluído Estados Unidos, el 90 %
había experimentado violencia.
El 67 % presentaba stress postraumático. El abuso sexual infantil
oscilaba entre el 50 y el 90 %, según los estudios considerados.
Puntualmente señala, “la incidencia del carcinoma de cuello de úte-
ro es mucho más elevada en éste tipo de población”. En resumen
su experiencia confirma “los efectos devastadores de la prostitución
sobre la salud de las mujeres”.
2) que la marginalidad de las mujeres involucradas en la prostitución
se debería a las leyes que prohíben o ilegalizan la prostitución.
Cuando, por lo menos en nuestro medio, la prohibición se refiere
exclusivamente al proxenetismo y la existencia de prostíbulos.
Aquí vale aclarar, aunque es obvio, que quienes defendemos los derechos de las mujeres sostenemos que se debe penalizar exclusivamente a quienes
las prostituyen, las reclutan, las trafican, ejercen contra ellas alguna otra forma de violencia o promueven la prostitución.
3) Que sería intrínseca a la naturaleza humana. Considero que la naturalización viene produciendo por lo menos tres efectos secundarios:
- A) De censura y descalificación: sobre los argumentos cuestionadores de la moda de considerar a la prostitución como si fuera una salida laboral.
- B) De promoción a través de medios masivos de comunicación social: Por ej. Pág 12 publica en el suplemento para jóvenes de los jueves la historieta “Clara de Noche”. La protagonista como bien señala Marta Vasallo (22): ...“no tiene detrás proxenetas, ni empresario, ni se cruza con un policía, no paga coimas: es una fantasía (masculina) total”. La única vez que los responsables aludieron a las innumerables cartas, denuncias y protestas (enviadas por personalidades y organizaciones de derechos humanos, algunas de mi conocimiento, las que por otra parte, jamás reprodujeron), lo hicieron justificando la continuidad de su publicación en la libertad de expresión. Recordemos que ocurre lo mismo con la pornografía, la libertad de expresión funciona como coartada perfecta en todo el mundo. Es curioso como olvidan este derecho quienes omiten o censuran a puntos de vista cuestionadores del statu quo.
- C) De reclutamiento por ejemplo en organizaciones gremiales del espectáculo: como bien lo ha documentado Sara Torres (23) se establece a través de aparentes demandas laborales. Al respecto, una graduada universitaria, en las semanas previas al último mundial de fútbol, me interpeló cuestionando la eficacia de nuestras actividades preventivas y la falta de difusión sobre los riesgos a que se exponen (en algunos casos) quienes, por ejemplo buscan trabajo como actrices. Había participado en un casting para un film de cortometraje en una institución gremial, que se suponía confiable. Sin embargo, al culminar las entrevistas de admisión le propusieron que ni bien llegara a Japón -le aseguraron que ellos le pagaban el pasaje- trabajara en un bar mientras se realizaban los preparativos de la filmación. En relación al idioma, le garantizaban que no tendría problemas porque “allá la esperaban un argentino y un mexicano”. Estoy totalmente de acuerdo con su crítica.
El problema, compartido con las mujeres que están involucradas en la prostitución, es que a todas las mujeres nos quieren convencer que la prostitución:
1) tendría que ser aceptada sin discusión alguna por considerarla la actividad más antigua. Falsedad histórica que oculta la más precoz aun existencia de la actividad de los secuestradores-torturadores, quienes por el criterio anterior quedarían automáticamente legitimados (23). Y respecto de las mujeres secuestradas recordemos el colmo de la afirmación de Heródoto: “si ellas no lo quisieren de veras nunca habrían sido robadas”.
2) sería una necesidad de los varones para evitar males mayores, como coincidentemente planteaban: San Agustín (25) al creer que “la prostitución femenina era necesaria para evitar la lujuria generalizada”, Santo Tomás comparando a “la prostitución con una cloaca cuya supresión podía dar lugar a la contaminación del palacio” y más recientemente la rufiana uruguaya Naná (26) al afirmar que “(con la prostitución) se cuida a los matrimonios porque los maridos no abandonan a sus mujeres, como ocurre en cambio cuando tienen amantes”.
3) sería una actividad inocua. Cuando se tienen sobradas pruebas de los daños fisicos y psíquicos que resultan en el desempeño de cualquier rol. Particularmente la violencia física contra las mujeres es una constante. Pero además, por. Ej. así quedan invisibilizados los casos de eyaculadores precoces en demandantes compulsivos de prostitución. Ni qué mencionar su actual articulación con la distribución y comercialización de diversas drogas.
4) Como la problemática de la prostitución es así y siempre fue así habría que analizar si las mujeres eligieron o fueron obligadas. Cuando en realidad: lo que estamos cuestionando es la institución prostitución y no a las mujeres.
5) Afectaría menos a las mujeres que se involucraran un día después de cumplir los 18 años. Quienes venimos asistiendo a mujeres en situación de prostitución constatamos permanentemente que existen antecedentes de violencia y/o prostitución personal y/o familiar anteriores a esa edad, en la gran mayoría de los casos. La excepción de mujeres que se involucran siendo adultas –aunque en reciente crecimiento- aun no hace a la regla. También resulta discutible el argumento de una supuesta “libre elección” ya que siempre se ejerce contra la mujer prostituída algún tipo de coacción simbólica, física o vincular.
6) Sería un trabajo por el sólo hecho de recibir remuneración. Es el criterio que también ha comenzado a circular en relación a la comercialización de drogas. El sociólogo Löic Wacquant sostiene que en las villas miseria “trabajo hay, y mucho”, refiriéndose a los jóvenes que controlan el tráfico de drogas.
7) A partir del trabajo de 1998 de Lin Lean Lim de la OIT debería considerarse un sector industrial más por el gran cúmulo de dinero que produce.
En qué afecta la prostitución a los derechos sexuales de las mujeres?
De acuerdo con Sonia Correa y Rosalind Petchesky (27) considero cuatro componentes principales en las bases éticas de los derechos reproductivos y sexuales:
I. La integridad corporal. En el trabajo de asistencia con mujeres involucradas en la prostitución y particularmente si son niñas, la confidencialidad es un imperativo básico. Los riesgos de perjuicio son concretos, reiterados y de público conocimiento. Como lo demuestra el ensañamiento actuado en los recientes crímenes contra mujeres en situación de prostitución ocurridos en Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires.
II. Ejercer como persona: (Ejercer la autonomía personal). Este aspecto es la diferencia fundamental de la prostitución con cualquier otro tipo de actividad que pueda tener estatus de trabajo. Según referencia de personas en situación de prostitución todo prostituidor siempre demanda sometimiento. Y lo suelen enunciar apelando a una frase emblemática del imaginario social, cuya significación va más allá de la problemática de la prostitución: “el que paga manda”.
III. Igualdad. La relación humana que se establece en situación de prostitución, siempre asienta justamente en lo contrario.
IV. Respeto a la diversidad. Los estereotipos anulan todo reconocimiento de ciudadanía.
La restitución de los derechos a las mujeres involucradas en la prostitución también pivotean sobre la concientización de quienes permanecen fuera de tal situación. Abundan las pruebas en relación al sostén de los perjuicios que sufren a diario: estereotipos y prejuicios descalificadores y estigmatizantes. Como si se aceptara un valor diferencial de las vidas humanas. Se requiere un compromiso ético- político transparente en cuanto a sus medios y fines. La institución de la prostitución como trabajo demostraría el fracaso de una ética política de defensa de los derechos humanos. En suma el fracaso de la política en sí misma.
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ANEXO – SISTEMAS DE LA PROSTITUCION
SISTEMA PROHIBICIONISTA
-Judicializa y reprime a todas las personas que se involucran en ella. Habitualmente promueve el surgimiento de la explotación clandestina y agrava la situación de las personas prostituídas ya que las asocia con la delincuencia y las empuja hacia ella como único refugio para su actividad ilegal. Refuerza la dependencia hacia el proxeneta.
SISTEMA REGLAMENTARISTA
-Prevé identificación y puesta bajo control policial de las personas prostituídas. Elimina la clandestinidad pero conlleva la legitimación del proxenetismo. Encierra a las mujeres en prostíbulos o en zonas determinadas en las que quedan a merced de los rufianes. Si salen de allí a trabajar como callejeras quedan a merced de la policía. Se las somete a revisaciones médicas que no soporta el resto de la población. En Argentina fue la estrategia jurídica desde 1875 hasta 1936, época en que florecieron las organizaciones Zwi Migdal (28) y Varsovia, entre ambas llegaron a poseer 2000 prostíbulos, también traficaban mujeres. “El efecto básico de la intervención del Estado en el control de la moral pública es transformar lo privado en clandestino” (29).
SISTEMA ABOLICIONISTA
-Propugnado por la ONU y organismos de DDHH. Preconiza la abolición de toda reglamentación y propone que sea sustituída por el derecho común. En Argentina desde 1936 están prohibidos los prostíbulos. La Convención para la Represión de la trata de Personas y Explotación de la Prostitución ajena y el Pacto de San José de Costa Rica impiden legalizar la prostitución.
Comentario: Los sistemas Prohibicionista y Reglamentarista tienen el rasgo común de judicializar una problemática social que en cambio requiere políticas públicas que efectivicen el ejercicio de los derechos humanos básicos.
NOTAS BIBLIOGRAFICAS
1.Silvia Chejter: La niñez prostituída, UNICEF, Bs. As., 2001. Aunque la problemática de la niñez prostituída excede las posibilidades de espacio de ésta presentación, creo importante referir que: 1) En nuestro país ésta práctica está instituída y ha sufrido un notable incremento, como en otros países desde el comienzo de la epidemia de VIH/SIDA, en particular como corolario de la antigua y obviamente errónea creencia de supuesta cura de infecciones de transmisión sexual por medio de relaciones sexuales con niñas o niños. 2) Además de los datos reunidos personalmente tengo presente, la denuncia de “casa (prostíbulo) que ofrecía niñas y niños” formulada en 1988 por una
médica de una provincia –confirmada tiempo despues por una colega psicóloga que se desempeñaba en la Justicia- , la investigación de Lucía La Bruna de Andra en Buenos Aires sobre las “niñas floristas” y a las innumerables pruebas reunidas por los Consejos de Niñas y Niños, se le
ha sumado éste documentado: “Estudio sobre explotación sexual comercial infantil: La niñez prostituída”.
2. Notas de campo propias.
3. Leonor E.G. Núñez: Informes de Avance del Programa Comunitario Frente al SIDA 1989/1994, Facultad de Psicología de la UBA. Fotocopiado de distribución interna.
4. Harry Pross: La violencia de los símbolos sociales, Edit. Anthropos, Barcelona, 1983.
5. Hannah Arendt: Eichmann en Jerusalén, edit. Lumen, Barcelona, 3ra. Edición, 2000.
6. Santiago Kovadloff: Nota del diario La Nación.
7. En relación a las condiciones y el medio ambiente de trabajo desde que me desempeñara como docente de la Cátedra de Psicología del Trabajo (UBA) he postulado que: como nos referimos a espacios habitados por personas, el medio ambiente deviene espacio histórico. Por ésto considero que la expresión Condiciones y Espacio Histórico de Trabajo (CYEHT) es más adecuada que la habitual de Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo (CYMAT).
8. Lin Lean Lim: The Sex Sector, ILO, Suiza, 1998.
9. Atención Primaria de Salud, OMS y UNICEF, Alma-Ata, URSS, 6 al 12-09-1978.
10. Carta de Otawa: Primera Conferencia Internacional sobre Promoción de la Salud, Canadá, OMS, 17 al 21-11-1986.
11. Es línea editorial de POZ en español, Salud, esperanza & SIDA, N.Y. números de 1999/2000.
12. Sylvia Bermann, Trabajo precario y Salud Mental, Narvaja Editor, Córdoba, 1995.
13. L. Cillario et al.: La sociología del Trabajo, Centro Editor de América Latina, 1992.
14. Juan Bialet Massé, Informe sobre el Estado de la Clase Obrera, Hyspamérica, Bs. As., 1986.
15. Alicia Le Fur: Concepto de Trabajo, Ficha N° F 4926 de la Cátedra de Psicología del Trabajo de la UBA, Bs. As.
16. Fco. J. Vázquez, Coord. : Mal Menor, Políticas y representaciones de la Prostitución (Siglos XVI – XIX), Publicaciones de la Univ. de Cádiz, 1998.
17. Diccionario María Moliner. Eufemismo: (Del griego «euphemismós», de «euphemós», adj. aplicado al que habla bien, comp. con «pheme», modo de hablar —v. «FA- [fe-]»—, y el prefijo «eu», bien.) Expresión con que se substituye otra demasiado violenta, grosera o malsonante. (V.: «*atenuación. ÔHipocorístico».) ¤ Se incluye entre las *figuras retóricas.
18. Kamala Kempadoo: Una reconceptualización de la prostitución. Obtenido de www.lolapress.org (sin fecha).
19. Leonor E. G. Núñez, “Llamado al compromiso ético-político frente a la prostitución de niñas y mujeres”. Documento leído en la Sesión Abierta de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires el 6-03-1998 en un acto conmemorativo del Día Mundial de la Mujer, organizado por la Comisión Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud. Impreso y Distribuído por Acción Solidaria En Salud – A.S.E.S. (ONG), Buenos Aires.
20. Giuseppe C. Marino: Historia de la Mafia, J. Vergara Editor, Bs. As. , 2002. Según G.C. Marino el término, “mafia” provendría de la palabra árabe “maha fat” que significa protección, inmunidad o exención. En ésta obra se refiere exclusivamente a la organización siciliana, pero es de uso común designar como mafiosas a organizaciones de cualquier país. El aporte de éste autor es el énfasis puesto, en la necesidad de reservar exclusivamente a las organizaciones criminales con connivencia política, la denominación de mafiosas.
21. Trabajo y Salud- Bienvenida en Holanda (sic), Folleto, SOA, Utrecht, 1993.
22. Marta Vasallo: “Vetusta fantasía para progres”, Nota en El Espejo, Oct. 2001, Bs. As.
23. Sarita Torres: Referente Argentina de la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres (C.A.T.W.). Comunicación personal.
24. Heródoto: Los nueve libros de la Historia, Libro I, pág. 16, El Ateneo, Bs. As., 2da. edición, 1968.
25. Donna J. Guy: El sexo peligroso, Cap. I, Edit. Sudamericana, Bs. As., 1991.
26. Héctor D’Alessandro: Naná, Edit. Monte Sexto, Montevideo, 1991.
27. Sonia Correa y Rosalind Petchesky: “Los Derechos Reproductivos y sexuales. Una perspectiva feminista. En “Elementos para un análisis ético de la reproducción”, Coord. Juan G. Figueroa, Edit. Univ. Nacional Autónoma de México, 2001.
28. Gerardo Bra: La Organización Negra, Corregidor, Buenos Aires, 1999.
29. Emilio Lamo de Espinoza: Delitos sin víctimas, Alianza Editorial, Madrid, 1989.
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Este trabajo ha sido incluído en:
www.rimaweb.com.ar
www.redfeminista.org (España)
Centro Cultural San Martín - Bs. As. – Argentina
Tema: Derechos sexuales de las mujeres
Autora: Leonor E. G. Núñez- Psicóloga-U.B.A.
Introducción:
“Lo concreto es la síntesis de múltiples determinaciones”. Karl Marx.
“La psicología y los psicoanalistas que se desentienden de la realidad histórica...trabajan sobre abstracciones”. León Rozitchner.
Desde el campo de la salud y el trabajo investigo la problemática social de la prostitución con metodologías cualitativas. Trabajo con datos obtenidos a partir de observaciones y testimonios de: niñas y niños involucrados en la actividad; mujeres y hombres en situación de prostitución y/o con funciones de encargados de grupos y/o locales, familiares, amig@s, conmpañer@s de estudio, sus parejas (hetero u homosexuales en situación de prostitución, incluídos matrimonios con hijos). También considero en primer lugar: la información aportada por integrantes de equipos de salud y educación (pediatras, psicólog@s -en particular investigadores-, trabajadores sociales, psiquiatras, especialistas en infecciones de transmisión sexual -dermatólogos, infectólogos e inmunólogos- personal de enfermería y docentes). En segundo lugar: activistas, operadores sociales, religios@s, legisladores, jueces y otros funcionarios públicos, telefonistas y recepcionistas de hoteles de alta calificación y eventualmente informantes clave. He utilizado las siguientes metodologías de abordaje: entrevistas individuales de asesoramiento o de psicoterapia, grupos focalizados y/o de reflexión, talleres de capacitación para la prevención y atención de consultas telefónicas. Con la amplia diversidad de fuentes intento corresponder, a la alta complejidad de la problemática social de la prostitución y al directamente proporcional nivel de prejuicios y perjuicios que afectan a las personas involucradas.
Muchos años he dejado decantar los datos reunidos (notas de campo propias, recortes periodísticos, ensayos, investigaciones de otr@s autores y obras literarias). Sin embargo, aun persisten con gran nitidez el recuerdo de dos escenas que, más tarde, me estimularon a sistematizar las observaciones , los registros y la elaboración de hipótesis de trabajo sobre una amplia constelación de aspectos que condicionan y/o determinan las distintas modalidades de la prostitución.
En aquel entonces no existían, como en el presente: tan particulares condiciones geoeconómico-políticas. Como la denominada “globalización de la hegemonía de mercado”, determinante por ejemplo, de la facilitación (por ciertos desarrollos tecnológicos y por la inclusión estructural de la prostitución en las industrias del espectáculo y el turismo) de la promoción, el reclutamiento y la trata de personas para la prostitución. Tampoco existía, el consenso social de su naturalización, como si fuera un trabajo y un sector comercial más (excelentes dispositivos encubridores y justificadores de los efectos dañinos de la prostitución).
Menos aun, su actual e inusitado incremento, su omnipresencia mediática; y el cada día más frecuente y atroz involucramiento de la niñez (1).
Las situaciones a las que haré referencia (2), ocurrieron en los comienzos de la década del 60’. En relación a la época quiero recordar en primer lugar, que si bien en los equipos de salud podían existir sólidos basamentos éticos, los desarrollos del marco ideológico-teórico-técnico de los derechos humanos específicos, sólo eran incipientes.
En segundo lugar, personalmente no tenía en aquel entonces, un particular interés en abordar la problemática de la prostitución.
Sin embargo, para mi sorpresa, ésta problemática social irrumpió con toda su complejidad mientras trabajaba en educación para la salud, tanto en programas de materno-infancia como de lucha antirrábica[LN1] .
Primera escena: Corría el año 1961. Un pediatra, una enfermera, una estudiante de sociología y otra de medicina (opté por psicología varios años después) inaugurábamos en San Martín, Pvcia. de Buenos Aires el Centro de Salud Infantil N° 5 en el Htal. Diego Thompson. Eran muy frecuentes los casos de niñ@s afectad@s por desnutrición, distrofia y tuberculosis. Nuestro objetivo era la detección y el monitoreo del cuidado de la salud de 100 niñ@s desde el nacimiento hasta el año de edad. Se proveía gratuitamente vacunas, medicamentos y, de ser necesaria, la leche adecuada a cada lactante. Una tarde recorría una villa –sin red cloacal y con agua de pozo- de emergencia, como se denominaban entonces, en medio del barro poceado. Visitaba una de las casillas de cartón, chapas, madera y tela. El mobiliario consistía en una cama de una plaza, mesita, ropero de un cuerpo y dos sillas. Me recibe una niña de unos 8 años: “Mamá no está”, dice. “Trabaja?”, le pregunto. “Sí, recibe hombres, pero hoy no”.
Segunda escena: Año 1964. Escuela primaria de Isla Maciel, Avellaneda:
alumn@s y docentes participan en una actividad para la prevención de la rabia humana y animal. Pregunto si alguien ha sido mordid@ alguna vez por un perro. Un niño afirma que conocen a una compañera que fue mordida por un perro pero, ya no asiste a clase “porque ahora anda con la pollerita corta”. A su risa, que tuvo el eco de sus compañeras y compañeros, siguieron algunos detalles más.
Una década después, pude comprobar una de las formas de corrupción más organizada y afianzada en nuestro medio: la confianza vecinal generada por nuestro trabajo comunitario de prevención de la rabia, derivó por entonces, en un inesperado e insólito descubrimiento. Vecinos de Isla Maciel nos demandaron ayuda para enfrentar la proliferación de prostíbulos, los que contaban con manifiesta protección policial.
No obstante, pese a nuestras gestiones solidarias para con los vecinos, lo único que logramos fue entender que; justamente la cadena de interesados apoyos policiales a dichos prostíbulos llegaban, por lo menos, hasta las más altas autoridades del gobierno de la Provincia de Buenos Aires de entonces.
En ésta primera impronta es notable cómo ya podía leerse el anudamiento de aspectos sólo aparentemente inconexos: además de la salud, el trabajo y la prostitución, los estereotipos de los géneros mujer y varón, la vulnerabilidad de las niñas y la corrupción de algunos funcionarios públicos, entre otros.
A la distancia creo que aquella niña y aquel niño, sin saberlo, me estimularon a asumir un compromiso solidario para con las personas directamente o indirectamente prostituídas, y a construir un modelo de investigación-acción que articulara la asistencia, la prevención y la acción comunitaria.
Pero fue recién en 1989, cuando tuve la oportunidad de comenzar a plantear la problemática social de la prostitución como parte de una curricula de capacitación. Así, la incluí en los contenidos de los Seminarios-Taller de capacitación sobre VIH/SIDA para equipos de salud y educación que diseñé, coordiné y dicté en colaboración con otr@s profesionales desde la Facultad de Psicología de la UBA y el Primer Programa Nacional sobre VIH/SIDA del Ministerio de Salud de la Nación (3).
Quiero señalar que si bien, el evitar ceñirme a posibles imposiciones de agencias financiadoras generó por un lado el gran obstáculo de la escasez de recursos materiales, creo que por otro me posibilitó sostener la imprescindible autonomía de criterio que, a mi juicio, ésta temática requiere.
En ésta presentación intentaré desplegar y discutir diversas argumentaciones contemporáneas que coadyuvan, por ingenuidad o interés, a naturalizar a la salud como mercancía, al trabajo como un privilegio de pocos o término legitimador de actividades perjudiciales para las personas y para la sociedad, y a la prostitución como si fuera una actividad socialmente valiosa, individualmente saludable, políticamente correcta y económicamente imprescindible.
Postularé que:
1) la persistencia en éste statu quo necesariamente conlleva a la desmentida de los derechos sexuales de todas las mujeres.
2) se deben defender la salud y el trabajo en sentido estricto y prevenir la prostitución y la trata de personas, tanto como su promoción y el reclutamiento.
Tergiversación de argumentos y de fines
En los últimos años en relación a la salud, al trabajo y a la prostitución se vienen desplegando argumentos que muestran cada vez un mayor refinamiento encubridor de tergiversaciones de sentidos y de hechos. No obstante, es posible demostrar que tales deformaciones de situaciones y tramas argumentales, transitan permanentemente por la ingenuidad, la demagogia o la coacción utilitaria.
Si bien los peligros de llevarse por delante a las palabras vienen siendo señalados desde tiempos remotos, en relación a la problemática social de la prostitución en ciertos ámbitos, aun académicos se observa con frecuencia una tendencia a la trivialización y tergiversación. Creo reconocer en ésta actitud, a una de las consecuencias del miedo pánico a asumir posiciones que podrían ser consideradas políticamente incorrectas, desde sectores supuestamente progresistas o desde lo instituído por las agencias de financiación.
Es curioso, pero ésto ocurre justamente cuando la suerte del que podría ser denominado “experimento macro” (y marco de la posición que creo necesario revisar), el llamado “pensamiento único”, está echada. “Pensamiento único” que fuera caracterizado por I. Ramonet en Le Monde diplomatique de enero de 1995 como: “El único autorizado por una invisible y omnipresente policía de opinión”’iió. Si bien, en el momento de su auge toda crítica al modelo económico de hegemonía de mercado, era descalificada hasta con crueldad, por éstos días, ya comienza a anunciarse su final.
Intento estimular el debate. Pero un debate que revalorice la reflexión crítica al punto de lograr deconstruir antiguos prejuicios y nuevas naturalizaciones.
Con ésta ola de dar por aceptado lo que es, primero se tiende a “ceder en las palabras”; y después, como decía S. Freud, “ya se sabe”...
Durante el régimen nazi se llegó al paroxismo de la estrategia que en la década del 70´ P. Bourdieu y J. Passeron (4) designaron como “violencia simbólica”: la capacidad de imponer, los significados como algo legítimo. Es decir, poder hacer que la validez de significados mediante signos fuera tan efectiva para que otra gente se identifique con ellos. Como recuerda H. Arendt (5): Esta actitud “objetiva” -hablando sobre campos de concentración en términos de “administración” y sobre campos de exterminio en términos de “economía”- era típica de la mentalidad de las SS. Pero el premio a la “objetividad”, siguiendo a H. Arendt, lo merecería el abogado Servatius, defensor de A. Eichmann, quien llega a afirmar que “matar también era un asunto médico”.
Este fenómeno de trastocar el sentido de las palabras -y más allá del inevitable malentendido que siempre supone el lenguaje- es tan actual que el domingo pasado (27-10-02) Santiago Kovadloff (6), reiteraba la afirmación que hiciera Karl Krauss: “La decadencia de los pueblos suele iniciarse con el envilecimiento de las palabras, con el abandono del interés por lo que implican como signos de aptitud para la convivencia, la recíproca credibilidad y la preservación de los matices que hacen posible el pensamiento”.
La globalización del sometimiento
Algunas organizaciones internacionales obligan a ciertos países, incluído el nuestro a girar sin solución de continuidad en un círculo vicioso. Por una parte exigen que los gobiernos reduzcan el tendenciosamente denominado “gasto social”, cuando muy por el contrario se trata de una inversión social. Así, los gobiernos adictos terminan desresponsabilizándose de su obligación de implementar políticas públicas que faciliten a toda la población la satisfacción, por lo menos, de sus necesidades básicas. Por otra parte, imponen tanto la venta de recursos materiales de patrimonio público, como la eliminación del apoyo a la educación pública, al desarrollo científico y técnico, y a la producción nacional. Este cuadro es completado por la exigencia de medidas de privilegio para con el sector empresarial y financiero (también adicto) y la conculcación de los derechos de l@s trabajadores.
Por éstos días recordemos algunos de los efectos, que son sufridos en nuestro país, por tan alevoso sometimiento: empobrecimiento y desocupación estructural, condiciones laborales precarias y en algunos casos esclavizantes, precarización y reducción del sistema de seguridad social con la consecuente exclusión social.
Podría bastar ésta somera descripción, pero como se sabe, siempre es necesario explicitar lo obvio. Con tal situación ha vuelto a poder comprobarse un hecho reiterado hasta el hartazgo en la historia de la humanidad. El empobrecimiento estructural es el determinante primordial de: la caída de la calidad y la esperanza de vida, del aumento de la morbimortalidad infantil, de la aparición y expansión de enfermedades, del padecimiento de condiciones y espacios históricos (7) de trabajo perjudiciales y tambien del incremento y diversificación de la problemática social de la prostitución.
El círculo vicioso al que me refería se cierra con dos elementos fundamentales. En primer lugar, las mismas organizaciones que imponen políticas empobrecedoras al mismo tiempo ofrecen préstamos para paliar los efectos de esas políticas. En 2do. lugar tambien imponen sus globalizadas concepciones generalmente dictadas por la OMC- Organización Mundial de Comercio-. En el caso de la consideración de la prostitución como un trabajo, el emblema “trabajo sexual” comenzó a incluirse en documentos de varias organizaciones internacionales, por ej. OMS-Organización Mundial de la Salud- sin mediar ninguna fundamentación. En su publicación The Sex Sector (8) la OIT sostiene, que los contenidos no son la posición oficial de esa organización. Sin embargo, allí se afirma que la existencia del llamado “comercio sexual” es un hecho justificado por el dinero que produce.
Salud
Estas circunstancias tambien tuvieron particulares consecuencias en el campo de la salud. En las últimas décadas, se produjo una inversión copernicana en los objetivos de muchos de los actores de la salud en general y en un todo de acuerdo con el rediseño impuesto por la globalizada economía hegemónica de mercado. Así los desarrollos obtenidos en el campo de los derechos humanos entre los 70’ y los 80’, se habrían reducido en gran medida a excelentes compendios argumentales, si no fuera por la novedosa capacidad de movilización comunitaria.
Se avanzó con expresiones tales como las de Alma Ata -con la más que incumplida promesa de “Salud para todos en el 2000”- en 1978 (9), el reconocimiento de “Los derechos de los pacientes” por la Declaración de Lisboa de la Asociación Médica Mundial en 1981. Reconocimiento aun muy limitado, pero por aquel entonces, igualmente representaba un cambio favorable hacia las personas enfermas y la Carta de Otawa en 1986 (10) entre otros instrumentos. No obstante, en la misma época, los extraordinarios avances biotecnológicos tuvieron alcances paradojales. En cuanto a técnicas diagnósticas y tratamientos de ciertas patologías graves se desarrollaron recursos de alta complejidad y efectividad. Lo negativo resultó la cada vez más restrictiva accesibilidad. El ejemplo más reciente son las limitaciones a la asistencia y tratamientos de enfermedades impuestas por el Decreto N° 486/02 de Emergencia Sanitaria Nacional.
Al mismo tiempo el compromiso de algunos profesionales integrantes del equipo de salud sufrió, en gran medida, un desplazamiento. Dejaron de interesarse en el desarrollo de sus capacidades para la optimización de la atención personalizada de los enfermos (a quienes se los rebautizó “usuarios”, rol más cercano al de consumidores) para ocuparse de: la operatoria burocrática de la planificación y el llamado, gerenciamiento de la salud, de las nuevas tecnologías y de las instituciones que responden a éste nuevo perfil. Existen estudios que, por ejemplo demuestran en la práctica médica, la pérdida de idoneidad clínica en el diagnóstico y tratamiento de las ITS (infecciones de transmisión sexual) más comunes y antiguas, a partir de la disponibilidad de antibióticos de amplio espectro.
También se producía la conversión de los servicios para la atención de las enfermedades en negocios redituables, la drástica disminución de los ingresos de los profesionales en relación de dependencia y un gran deterioro de sus condiciones de trabajo.
De ésta forma al día de hoy suponer que basta la enunciación del derecho a la salud para garantizarla, resulta en la mayoría de los casos una mera ilusión.
En éste contexto, los profesionales-funcionarios que se autodenominan comercializadores o gerenciadores de la salud, conforme actúen en ámbitos privados o públicos no dudan en imponer (con brillantes argumentos, eso sí): por una parte políticas institucionales o públicas con meros fines personales y/o corporativos (e importantes réditos financieros y/o políticos). Por ejemplo, en cuanto a los insumos colocan por sobre todo argumento en relación a la calidad, la norma del menor costo. La población empobrecida es así sometida a utilizar insumos de baja calidad o nada.
Meritaría un amplio debate la intervención de los profesionales del equipo de salud en los procesos encubridores de ciertas políticas públicas. Si éstas, por omisión y/o defecto, resultaran perjudiciales para la población, implicarían un acto de corrupción?. Particularmente cuando actúan como disciplinados operadores de instituciones internacionales y los despliegues discursivos, aunque falaces, son muy bien logrados demostrando descollantes recursos intelectuales.
Por parte de ést@s personajes sin duda, alcanza cierto pintoresquismo el intento de descalificación hacia quienes permanecemos exclusivamente, en la que denominan “trinchera” de la atención directa de las personas afectadas por enfermedades o problemáticas sociales perjudiciales.
A mi juicio la crisis de credibilidad y confianza que afecta a las comunidades en relación a los equipos de salud está estrechamente relacionada con la situación descripta. Un efecto de ésta crisis es la reivindicación de la experiencia traumática vivida como suficiente crédito para la intervención en acciones de asistencia y/o prevención de diferentes problemáticas sanitarias y/o sociales, por ejemplo: cáncer, VIH/SIDA, prostitución , uso de sustancias psicoactivas, etc. con expresa prescindencia de profesionales del equipo de salud. Un ejemplo palmario es el uso del mote utilizado desde el comienzo de la epidemia de VIH/SIDA por algunos activistas de organizaciones de derechos de los enfermos para referirise al equipo de salud: “mercenarios” (11). Creo que debería resultar un desafío histórico para quienes integramos equipos de salud y educación revertir tal situación.
Trabajo
En palabras de N. Chomsky, en el presente contexto macroeconómico “aumenta la circulación de capitales al tiempo que disminuye la de los derechos humanos”.
Después de la vida el acceso a la salud, el trabajo y la educación son los derechos, más vulnerados. Por añadidura, cuando tratamos sobre los derechos de personas concretas los derechos a la salud y al trabajo son prácticamente inseparables. No obstante, hoy por hoy el anudamiento reviste cierto patetismo.
Ya, ni siquiera puede afirmarse, como lo hiciera Franco Basaglia en la Italia de posguerra, que la salud esté asegurada por el solo hecho de tener trabajo. A las etapas del taylorismo, que descomponía el trabajo en pequeñas unidades standarizando los gestos más elementales y el fordismo que añadía la línea de montaje le sucedió el trabajo autónomo combinado con el ohnismo – o justo a tiempo-, por el avance de las nuevas tecnologías. Pero éste también fue un avance paradójico, porque al hacerse posible la globalización de los mercados de mercaderías, de servicios y de recursos financieros; y al crearse (para la estructura del sistema financiero mundial) una intrincada red de circulación de capitales, también se facilitó la legalización de dinero obtenido por actividades perjudiciales para la sociedad y se trivializó la importancia del trabajo humano.
En nuestro país como denunciara Sylvia Berman en el 95’ (12), la falacia de “presentar a la reforma de las leyes laborales como solución para el desempleo y el camino para la inserción competitiva del país en la economía mundial”, tuvo consenso político. Muy por el contrario, se trataba de aumentar la explotación de la mano de obra y de perfeccionar la tecnología de dominación sobre el trabajo. La política macroeconómica sería así la primera causa de desempleo y de la necesidad de recurrir a la denominada “flexibilización laboral” (recurso eufemístico).
Al respecto Lorenzo Cillario (13) plantea que “las tesis y argumentos de la automatización flexible son válidos sólo desde el punto de vista de los aspectos técnicos y organizativos de la producción, pero falsean lo que ocurre con el elemento humano”...”la dinámica del trabajo humano desaparece como si no tuviese ninguna importancia”.
Todo lo dicho con el corolario de menor ingreso y mayor pobreza.
Desde luego, existen diferentes niveles de análisis. Desde el siglo XVII por la obra de Ramazzini se viene reconociendo al trabajo en general, como factor patógeno en sí mismo. En nuestro país, desde la fundamental investigación de Juan Bialet Massé (14) en adelante, existen innumerables estudios sobre las enfermedades relacionadas con los diferentes puestos de trabajo, es decir, aun cuando sus condiciones no sean precarizadas.
La conceptualización del trabajo humano registra, en el devenir histórico, un particular dinamismo. En la actualidad encuentro una adecuada amplitud de criterio en la planteada desde la Cátedra (Ricardo Malfé) de Psicología del Trabajo de la UBA (15): “Toda actividad productora de valor o valores no sólo políticos, económicos, sociales, culturales o libidinales, valorados socialmente”.
En éste sentido, es posible constatar en algunos sectores la aceptación de la prostitución como si fuera una actividad productora de valores libidinales. Sin embargo, tal posición encuentra un límite a la hora de tener que demostrar que, la prostitución pudiera ser reconocida, asimismo, como un valor social concreto. Dos ejemplos son ilustrativos del pintoresquismo que puede desplegarse en el intento de tal demostración: las denominadas “prostitución sagrada” ( en la antigüedad) o la “prostitución patriótica” (Cuba actual).
Cuando se postula al trabajo como un organizador fundamental, tanto a nivel subjetivo como de la misma sociedad, consecuentemente se presenta la necesidad de establecer un punto de inflexión entre las actividades con un valor social comprobable e históricamente reconocido; y las actividades evidentemente dañinas. De éstas últimas a nivel individual y/o colectivo, son ejemplos paradigmáticos la prostitución, la trata de personas, la tortura o el tráfico de armas y drogas. Unas y otras se diferencian sin atenuantes no sólo por involucrar a la integridad física sino, por sus consecuencias políticas en cuanto al ejercicio de la ciudadanía y la inclusión social. Como destaca C. Desjours en “Trabajo y Desgaste Mental” (Humanitas-OPS, 1990) “lo esencial del trabajo es subjetivo”... “la producción como función social, económica y política entra en juego en el contenido significativo del trabajo con respecto al objeto”. En todas las historias laborales que he reunido en éstos años siempre pude comprobar que, tal como afirma Desjours, “nunca hay una neutralidad de los trabajadores con respecto a lo que producen”.
Por otra parte, considero que la utilización del emblema “trabajo sexual” para referirse a la situación de prostitución constituye un eufemismo (figura retórica) y merita algunas observaciones. En primer lugar, las ilusiones de progresismo de quienes utilizan tal emblema caen cuando recordamos que la “primera ola” de tal concepción (la prostitución como si fuera un trabajo) ya fue planteada por las y los moralistas medievales católicos, cuando la iglesia católica regulaba y recaudaba, por lo menos en España, la por entonces denominada mancebía (16).
En segundo lugar, al evitar nombrar a la prostitución se termina logrando invisibilizar sus efectos dañinos generándose, al mismo tiempo, las condiciones necesarias para su promoción y expansión.
En tercer lugar, acepto que para quienes ya se encuentran en situación de prostitución (o sus familiares) el eufemismo (17) de autodenominarse “trabajadores sexuales” en algún momento hasta puede constituir una válida estrategia defensiva: hay que tener presente que en situación de prostitución la vulnerabilidad de la integridad física y psíquica es la norma.
En cambio, cuando dicho eufemismo es utilizado por activistas, rufianes, funcionarios, legisladores, periodistas u otros actores sociales, cabe preguntarse si (por desconocimiento o interés) no termina resultando una estrategia, obviamente encubierta, de legitimación, de promoción y/o reclutamiento para la prostitución, y por extensión también para la trata de personas.
Sería por lo menos una ingenuidad olvidar que, ésta “nueva ola” de reivindicar a la prostitución como si fuera un trabajo más ocurre justamente en momentos en que, la desocupación es considerada estructural y los puestos de trabajo sufren una degradación inédita.
En éste desalentador contexto resulta auspicioso el significativo planteo del Director de la OIT en la 3ª. Conferencia Ministerial de la OMC 30-11 al 3-12-1999: “Un trabajo decente para todos en una economía globalizada”. Las características que debería reunir el denominado “trabajo decente”, actualmente tan promocionado, sería el trabajo que se realizara en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana. Para fomentar el trabajo decente la OIT considera cuatro objetivos 1) lograr el respeto universal de los principios y derechos fundamentales en el trabajo, 2) crear más oportunidades de empleo y de ingresos para mujeres y hombres, 3) ampliar la protección social y 4) promocionar el diálogo social. Aunque es obvio, resulta necesario señalar que tales principios resultan totalmente contrapuestos a las situaciones de prostitución. Entonces se puede considerar, por lo menos como una política institucional ambigüa, el hecho que la misma OIT publicara un año antes The Sex Sector.
Prostitución
Cómo, donde y cuándo comenzo LA “NUEVA OLA” DE la denominación de “trabajo sexual”.
K. Kempadoo (18) comentando la teorización de Thanh-Dam Truong de fines de los 80’ sobre el concepto de trabajo sexual, llega a afirmar: “El trabajo de Truong nos permite conceptualizar el intercambio de sexo por dinero como una actividad que involucra la venta de poder y energía de trabajo sexual, no el cuerpo de una persona, lo que permite comparar la prostitución con una forma de trabajo asalariado”.
Y por si cabría alguna duda, agrega más adelante:
“ (El “trabajo sexual”) Puede ser la base de movilización en luchas por condiciones de trabajo, derechos y beneficios y por formas de resistencia más amplias contra la opresión de las/los trabajadoras/es en general y de las mujeres en particular”.
Así como así, queda convertido entonces, en paradigma del trabajo humano. Claro que, ya se sabe, los únicos animales argumentadores somos los humanos y podemos armar argumentos para todo.
Pero en realidad, como dije antes, la consideración de la prostitución como si fuera un trabajo más viene de antiguo (reitero la referencia a predicadores y moralistas católicos medievales reglamentadores de la vida de las mujeres de entonces). Es sintomático que en los últimos años
haya resurgido de la mano de la globalizada economía de mercado. Es que como afirmaba León Rozitchner, en nota de Pag.12 el 1°de junio de 2001 “en la sociabilidad del capitalismo de mercado las relaciones son de compra venta”. La diferencia entre la antigua y la nueva ola estriba en que ya no se trata sólo de instaurar un etiquetamiento estigmatizante para el control de las mujeres, estén o no en situación de prostitución. El emblema de “trabajo sexual” opera como coartada frente a la desocupación estructural. Está claro que han conseguido articularse armoniosamente, aspectos de muy diversa índole. Desde supuestas necesidades privativas del sexo masculino hasta la desesperación de muchas mujeres por satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia. Por ésto propongo un cuestionamiento crítico, porque , a mi juicio, se trata de las políticas y de las éticas en juego.
Ya el economista Pierre Salama planteó en el 2000 la funcionalidad de la corrupción con el modelo económico de la hegemonía de mercado. Y la corrupción es intrínseca de la prostitución como institución, sobre todo si se reglamenta. Las lecturas de ingenua o interesada parcialidad saltean siempre las referencias sobre éstas afirmaciones, extensamente documentadas.
Por éstas razones desde 1998 (19) comencé a expresar públicamente la imprescindible necesidad de un sólido compromiso ético-político. La razón es, además de una posición ética, estratégica. En relación a la prostitución no se trata simplemente de operadores delictivos a secas. El manejo a pequeña o a gran escala estuvo y está en manos de organizaciones “mafiosas” (20) Es decir organizaciones delictivas que operan exclusivamente por connivencia con sectores políticos.
El cuestionamiento, a la consideración de la prostitución como un trabajo más, está dirigido no sólo a quienes sin estar implicad@s directamente en la prostitución sostienen que se trataría de un trabajo como cualquier otro. También me refiero, a quienes directamente promueven o gerencian el recientemente bautizado “sector sexual” (8). Curiosamente el límite de las argumentaciones de ambos grupos a veces se torna borroso.
En algunos casos llega a sostenerse:
1) que ésta actividad sería adecuada para garantizar el bienestar o la supervivencia de la familia de la mujer involucrada (21). Cuando en realidad los efectos dañinos de la prostitución los hemos comprobado hasta el hartazgo en cualquier lugar del planeta y no se reducen sólo a aspectos físicos o de la subjetividad profunda individual. Los daños también afectan a las configuraciones vinculares, a su estatus de ciudadanas y, particularmente, al entorno familiar.
El psiquiatra español Francisco Orengo refirió en el Simposio
Internacional sobre Prostitución y Tráfico de Mujeres con fines de
explotación sexual realizado en Madrid en el 2000, una serie de
estudios que coinciden en dar cuenta de los daños sufridos por
mujeres en situación de prostitución. Como ejemplo en un estudio
sobre 475 mujeres de 5 países, incluído Estados Unidos, el 90 %
había experimentado violencia.
El 67 % presentaba stress postraumático. El abuso sexual infantil
oscilaba entre el 50 y el 90 %, según los estudios considerados.
Puntualmente señala, “la incidencia del carcinoma de cuello de úte-
ro es mucho más elevada en éste tipo de población”. En resumen
su experiencia confirma “los efectos devastadores de la prostitución
sobre la salud de las mujeres”.
2) que la marginalidad de las mujeres involucradas en la prostitución
se debería a las leyes que prohíben o ilegalizan la prostitución.
Cuando, por lo menos en nuestro medio, la prohibición se refiere
exclusivamente al proxenetismo y la existencia de prostíbulos.
Aquí vale aclarar, aunque es obvio, que quienes defendemos los derechos de las mujeres sostenemos que se debe penalizar exclusivamente a quienes
las prostituyen, las reclutan, las trafican, ejercen contra ellas alguna otra forma de violencia o promueven la prostitución.
3) Que sería intrínseca a la naturaleza humana. Considero que la naturalización viene produciendo por lo menos tres efectos secundarios:
- A) De censura y descalificación: sobre los argumentos cuestionadores de la moda de considerar a la prostitución como si fuera una salida laboral.
- B) De promoción a través de medios masivos de comunicación social: Por ej. Pág 12 publica en el suplemento para jóvenes de los jueves la historieta “Clara de Noche”. La protagonista como bien señala Marta Vasallo (22): ...“no tiene detrás proxenetas, ni empresario, ni se cruza con un policía, no paga coimas: es una fantasía (masculina) total”. La única vez que los responsables aludieron a las innumerables cartas, denuncias y protestas (enviadas por personalidades y organizaciones de derechos humanos, algunas de mi conocimiento, las que por otra parte, jamás reprodujeron), lo hicieron justificando la continuidad de su publicación en la libertad de expresión. Recordemos que ocurre lo mismo con la pornografía, la libertad de expresión funciona como coartada perfecta en todo el mundo. Es curioso como olvidan este derecho quienes omiten o censuran a puntos de vista cuestionadores del statu quo.
- C) De reclutamiento por ejemplo en organizaciones gremiales del espectáculo: como bien lo ha documentado Sara Torres (23) se establece a través de aparentes demandas laborales. Al respecto, una graduada universitaria, en las semanas previas al último mundial de fútbol, me interpeló cuestionando la eficacia de nuestras actividades preventivas y la falta de difusión sobre los riesgos a que se exponen (en algunos casos) quienes, por ejemplo buscan trabajo como actrices. Había participado en un casting para un film de cortometraje en una institución gremial, que se suponía confiable. Sin embargo, al culminar las entrevistas de admisión le propusieron que ni bien llegara a Japón -le aseguraron que ellos le pagaban el pasaje- trabajara en un bar mientras se realizaban los preparativos de la filmación. En relación al idioma, le garantizaban que no tendría problemas porque “allá la esperaban un argentino y un mexicano”. Estoy totalmente de acuerdo con su crítica.
El problema, compartido con las mujeres que están involucradas en la prostitución, es que a todas las mujeres nos quieren convencer que la prostitución:
1) tendría que ser aceptada sin discusión alguna por considerarla la actividad más antigua. Falsedad histórica que oculta la más precoz aun existencia de la actividad de los secuestradores-torturadores, quienes por el criterio anterior quedarían automáticamente legitimados (23). Y respecto de las mujeres secuestradas recordemos el colmo de la afirmación de Heródoto: “si ellas no lo quisieren de veras nunca habrían sido robadas”.
2) sería una necesidad de los varones para evitar males mayores, como coincidentemente planteaban: San Agustín (25) al creer que “la prostitución femenina era necesaria para evitar la lujuria generalizada”, Santo Tomás comparando a “la prostitución con una cloaca cuya supresión podía dar lugar a la contaminación del palacio” y más recientemente la rufiana uruguaya Naná (26) al afirmar que “(con la prostitución) se cuida a los matrimonios porque los maridos no abandonan a sus mujeres, como ocurre en cambio cuando tienen amantes”.
3) sería una actividad inocua. Cuando se tienen sobradas pruebas de los daños fisicos y psíquicos que resultan en el desempeño de cualquier rol. Particularmente la violencia física contra las mujeres es una constante. Pero además, por. Ej. así quedan invisibilizados los casos de eyaculadores precoces en demandantes compulsivos de prostitución. Ni qué mencionar su actual articulación con la distribución y comercialización de diversas drogas.
4) Como la problemática de la prostitución es así y siempre fue así habría que analizar si las mujeres eligieron o fueron obligadas. Cuando en realidad: lo que estamos cuestionando es la institución prostitución y no a las mujeres.
5) Afectaría menos a las mujeres que se involucraran un día después de cumplir los 18 años. Quienes venimos asistiendo a mujeres en situación de prostitución constatamos permanentemente que existen antecedentes de violencia y/o prostitución personal y/o familiar anteriores a esa edad, en la gran mayoría de los casos. La excepción de mujeres que se involucran siendo adultas –aunque en reciente crecimiento- aun no hace a la regla. También resulta discutible el argumento de una supuesta “libre elección” ya que siempre se ejerce contra la mujer prostituída algún tipo de coacción simbólica, física o vincular.
6) Sería un trabajo por el sólo hecho de recibir remuneración. Es el criterio que también ha comenzado a circular en relación a la comercialización de drogas. El sociólogo Löic Wacquant sostiene que en las villas miseria “trabajo hay, y mucho”, refiriéndose a los jóvenes que controlan el tráfico de drogas.
7) A partir del trabajo de 1998 de Lin Lean Lim de la OIT debería considerarse un sector industrial más por el gran cúmulo de dinero que produce.
En qué afecta la prostitución a los derechos sexuales de las mujeres?
De acuerdo con Sonia Correa y Rosalind Petchesky (27) considero cuatro componentes principales en las bases éticas de los derechos reproductivos y sexuales:
I. La integridad corporal. En el trabajo de asistencia con mujeres involucradas en la prostitución y particularmente si son niñas, la confidencialidad es un imperativo básico. Los riesgos de perjuicio son concretos, reiterados y de público conocimiento. Como lo demuestra el ensañamiento actuado en los recientes crímenes contra mujeres en situación de prostitución ocurridos en Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires.
II. Ejercer como persona: (Ejercer la autonomía personal). Este aspecto es la diferencia fundamental de la prostitución con cualquier otro tipo de actividad que pueda tener estatus de trabajo. Según referencia de personas en situación de prostitución todo prostituidor siempre demanda sometimiento. Y lo suelen enunciar apelando a una frase emblemática del imaginario social, cuya significación va más allá de la problemática de la prostitución: “el que paga manda”.
III. Igualdad. La relación humana que se establece en situación de prostitución, siempre asienta justamente en lo contrario.
IV. Respeto a la diversidad. Los estereotipos anulan todo reconocimiento de ciudadanía.
La restitución de los derechos a las mujeres involucradas en la prostitución también pivotean sobre la concientización de quienes permanecen fuera de tal situación. Abundan las pruebas en relación al sostén de los perjuicios que sufren a diario: estereotipos y prejuicios descalificadores y estigmatizantes. Como si se aceptara un valor diferencial de las vidas humanas. Se requiere un compromiso ético- político transparente en cuanto a sus medios y fines. La institución de la prostitución como trabajo demostraría el fracaso de una ética política de defensa de los derechos humanos. En suma el fracaso de la política en sí misma.
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ANEXO – SISTEMAS DE LA PROSTITUCION
SISTEMA PROHIBICIONISTA
-Judicializa y reprime a todas las personas que se involucran en ella. Habitualmente promueve el surgimiento de la explotación clandestina y agrava la situación de las personas prostituídas ya que las asocia con la delincuencia y las empuja hacia ella como único refugio para su actividad ilegal. Refuerza la dependencia hacia el proxeneta.
SISTEMA REGLAMENTARISTA
-Prevé identificación y puesta bajo control policial de las personas prostituídas. Elimina la clandestinidad pero conlleva la legitimación del proxenetismo. Encierra a las mujeres en prostíbulos o en zonas determinadas en las que quedan a merced de los rufianes. Si salen de allí a trabajar como callejeras quedan a merced de la policía. Se las somete a revisaciones médicas que no soporta el resto de la población. En Argentina fue la estrategia jurídica desde 1875 hasta 1936, época en que florecieron las organizaciones Zwi Migdal (28) y Varsovia, entre ambas llegaron a poseer 2000 prostíbulos, también traficaban mujeres. “El efecto básico de la intervención del Estado en el control de la moral pública es transformar lo privado en clandestino” (29).
SISTEMA ABOLICIONISTA
-Propugnado por la ONU y organismos de DDHH. Preconiza la abolición de toda reglamentación y propone que sea sustituída por el derecho común. En Argentina desde 1936 están prohibidos los prostíbulos. La Convención para la Represión de la trata de Personas y Explotación de la Prostitución ajena y el Pacto de San José de Costa Rica impiden legalizar la prostitución.
Comentario: Los sistemas Prohibicionista y Reglamentarista tienen el rasgo común de judicializar una problemática social que en cambio requiere políticas públicas que efectivicen el ejercicio de los derechos humanos básicos.
NOTAS BIBLIOGRAFICAS
1.Silvia Chejter: La niñez prostituída, UNICEF, Bs. As., 2001. Aunque la problemática de la niñez prostituída excede las posibilidades de espacio de ésta presentación, creo importante referir que: 1) En nuestro país ésta práctica está instituída y ha sufrido un notable incremento, como en otros países desde el comienzo de la epidemia de VIH/SIDA, en particular como corolario de la antigua y obviamente errónea creencia de supuesta cura de infecciones de transmisión sexual por medio de relaciones sexuales con niñas o niños. 2) Además de los datos reunidos personalmente tengo presente, la denuncia de “casa (prostíbulo) que ofrecía niñas y niños” formulada en 1988 por una
médica de una provincia –confirmada tiempo despues por una colega psicóloga que se desempeñaba en la Justicia- , la investigación de Lucía La Bruna de Andra en Buenos Aires sobre las “niñas floristas” y a las innumerables pruebas reunidas por los Consejos de Niñas y Niños, se le
ha sumado éste documentado: “Estudio sobre explotación sexual comercial infantil: La niñez prostituída”.
2. Notas de campo propias.
3. Leonor E.G. Núñez: Informes de Avance del Programa Comunitario Frente al SIDA 1989/1994, Facultad de Psicología de la UBA. Fotocopiado de distribución interna.
4. Harry Pross: La violencia de los símbolos sociales, Edit. Anthropos, Barcelona, 1983.
5. Hannah Arendt: Eichmann en Jerusalén, edit. Lumen, Barcelona, 3ra. Edición, 2000.
6. Santiago Kovadloff: Nota del diario La Nación.
7. En relación a las condiciones y el medio ambiente de trabajo desde que me desempeñara como docente de la Cátedra de Psicología del Trabajo (UBA) he postulado que: como nos referimos a espacios habitados por personas, el medio ambiente deviene espacio histórico. Por ésto considero que la expresión Condiciones y Espacio Histórico de Trabajo (CYEHT) es más adecuada que la habitual de Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo (CYMAT).
8. Lin Lean Lim: The Sex Sector, ILO, Suiza, 1998.
9. Atención Primaria de Salud, OMS y UNICEF, Alma-Ata, URSS, 6 al 12-09-1978.
10. Carta de Otawa: Primera Conferencia Internacional sobre Promoción de la Salud, Canadá, OMS, 17 al 21-11-1986.
11. Es línea editorial de POZ en español, Salud, esperanza & SIDA, N.Y. números de 1999/2000.
12. Sylvia Bermann, Trabajo precario y Salud Mental, Narvaja Editor, Córdoba, 1995.
13. L. Cillario et al.: La sociología del Trabajo, Centro Editor de América Latina, 1992.
14. Juan Bialet Massé, Informe sobre el Estado de la Clase Obrera, Hyspamérica, Bs. As., 1986.
15. Alicia Le Fur: Concepto de Trabajo, Ficha N° F 4926 de la Cátedra de Psicología del Trabajo de la UBA, Bs. As.
16. Fco. J. Vázquez, Coord. : Mal Menor, Políticas y representaciones de la Prostitución (Siglos XVI – XIX), Publicaciones de la Univ. de Cádiz, 1998.
17. Diccionario María Moliner. Eufemismo: (Del griego «euphemismós», de «euphemós», adj. aplicado al que habla bien, comp. con «pheme», modo de hablar —v. «FA- [fe-]»—, y el prefijo «eu», bien.) Expresión con que se substituye otra demasiado violenta, grosera o malsonante. (V.: «*atenuación. ÔHipocorístico».) ¤ Se incluye entre las *figuras retóricas.
18. Kamala Kempadoo: Una reconceptualización de la prostitución. Obtenido de www.lolapress.org (sin fecha).
19. Leonor E. G. Núñez, “Llamado al compromiso ético-político frente a la prostitución de niñas y mujeres”. Documento leído en la Sesión Abierta de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires el 6-03-1998 en un acto conmemorativo del Día Mundial de la Mujer, organizado por la Comisión Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud. Impreso y Distribuído por Acción Solidaria En Salud – A.S.E.S. (ONG), Buenos Aires.
20. Giuseppe C. Marino: Historia de la Mafia, J. Vergara Editor, Bs. As. , 2002. Según G.C. Marino el término, “mafia” provendría de la palabra árabe “maha fat” que significa protección, inmunidad o exención. En ésta obra se refiere exclusivamente a la organización siciliana, pero es de uso común designar como mafiosas a organizaciones de cualquier país. El aporte de éste autor es el énfasis puesto, en la necesidad de reservar exclusivamente a las organizaciones criminales con connivencia política, la denominación de mafiosas.
21. Trabajo y Salud- Bienvenida en Holanda (sic), Folleto, SOA, Utrecht, 1993.
22. Marta Vasallo: “Vetusta fantasía para progres”, Nota en El Espejo, Oct. 2001, Bs. As.
23. Sarita Torres: Referente Argentina de la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres (C.A.T.W.). Comunicación personal.
24. Heródoto: Los nueve libros de la Historia, Libro I, pág. 16, El Ateneo, Bs. As., 2da. edición, 1968.
25. Donna J. Guy: El sexo peligroso, Cap. I, Edit. Sudamericana, Bs. As., 1991.
26. Héctor D’Alessandro: Naná, Edit. Monte Sexto, Montevideo, 1991.
27. Sonia Correa y Rosalind Petchesky: “Los Derechos Reproductivos y sexuales. Una perspectiva feminista. En “Elementos para un análisis ético de la reproducción”, Coord. Juan G. Figueroa, Edit. Univ. Nacional Autónoma de México, 2001.
28. Gerardo Bra: La Organización Negra, Corregidor, Buenos Aires, 1999.
29. Emilio Lamo de Espinoza: Delitos sin víctimas, Alianza Editorial, Madrid, 1989.
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